Policía virtual viene invicta en el control de los violentos
Se han colocado tobilleras electrónicas para prevenir episodios de violencia doméstica en 257 casos y hasta ahora no ha habido que lamentar ninguna lesión o muerte; el gobierno planifica extender el sistema
La alerta se enciende en la computadora del policía, que da doble clic y abre en su pantalla un mapa. El punto rojo que representa a la mujer agredida avanza sobre una avenida en dirección al punto verde, índice del agresor. El radio de restricción marcada por el juez ha sido transgredido por la denunciante. El agente marca un número de teléfono e intenta comunicarse con la mujer, pero ella no responde; solo avanza en dirección al agresor. El policía insiste, marca, pero corta. No hay respuesta. Mide la distancia que separa los dos puntos: 41 metros. Los nervios del agente se descargan en sus dedos, que marcan y marcan sin éxito, hasta que el punto rojo pasa junto al verde y sigue su rumbo en dirección a la rambla, sin detenerse. "Va en ómnibus", concluye el agente y suelta un suspiro de alivio. Si bien no puede comunicarse con la mujer, la velocidad de su desplazamiento le quita la angustia generada por el acercamiento. Inmediatamente, el comisario Ignacio González, encargado de turno de monitoreo de las tobilleras electrónicas en el Centro de Comando Unificado (CCU) de la Dirección Nacional de Policía, aclara a El Observador que no se trató de una situación límite porque el punto verde, que representa al agresor, permaneció inmóvil.
Treinta y cinco policías distribuidos en cuatro turnos controlan que 94 denunciantes y 94 agresores cumplan con las medidas restrictivas impuestas por la Justicia para evitar episodios de violencia doméstica. No se trata solo de evitar que dos puntos se encuentren sobre un mapa. La vigilancia es bastante más compleja.
Empresarios, médicos, hombres en situación de calle, arquitectos, hurgadores de basura, policías y expresidiarios, taxistas, exfutbolistas y periodistas son monitoreados por estos policías que luchan, cada día, por mantener el invicto. Desde febrero de 2013, cuando se instaló la primera tobillera electrónica, hasta ayer, se han monitoreado 257 casos y nunca hubo un episodio violento entre los vigilados y, mucho menos, una muerte.
En la mayoría de los casos, son hombres los denunciados por violencia doméstica. Pero hoy hay dos mujeres con tobilleras por agredir a sus parejas. También hubo madres denunciadas por sus hijos mayores de edad. Este sistema de monitoreo no se aplica a hijos menores porque el denunciante debe llevar consigo un dispositivo, parecido a los celulares de la década pasada en forma y tamaño, con el que pueden comunicarse a través de mensajes de texto o llamadas con los policías del CCU. Ese dispotivo envía una señal georreferencial al CCU que genera una alerta cuando se transgrede el radio de restricción establecido, que oscila entre los 300 y los 500 metros.
Por su parte, el agresor tiene un dispositivo del que no puede alejarse porque está comunicado por radiofrecuencia con su tobillera. Si se aleja más de lo indicado, una alerta se enciende en el CCU y un policía lo llamará para advertirlo. En caso de no responder, el agente envía un móvil policial en su búsqueda.
Por desobediencia de la medida impuesta, ya sea por romper la tobillera o acercarse a la víctima o su casa o trabajo (el juez suele limitar la aproximación a estos lugares), fueron procesadas con prisión 19 personas. Incluso, algunas terminaron tras las rejas por intentar contactar a las víctimas a través de mensajes de celular o Facebook.
Los agentes advierten que los agresores se comunican con los policías con mayor frecuencia que las víctimas. La angustia por no poder acercarse a sus exparejas o no poder ver a sus hijos ha provocado pensamientos de autoeliminación tanto a agresores como a víctimas. En ese momento, la posibilidad de comunicación inmediata con un agente, en general el referente del caso, se convierte en dique de contención. El comisario González recuerda que agresores han pedido mantener la tobillera incluso después de que el juez ordenara terminar con la medida. La tobillera es también una garantía para el usuario. Ante una denuncia, puede justificar que estuvo donde en manifiesta haber estado.
De todas maneras, los agentes destacan que no visualizan siempre dónde están las personas monitoreadas. Su privacidad, en caso de no restringir las normas impuestas por el juez, queda intacta. La ubicación del denunciante y el agresor aparecen en pantalla solo en caso de que se encienda una alerta.
El éxito en el monitoreo del sistema de tobilleras electrónicas para casos de violencia doméstica llevó al gobierno a extender este tipo de tecnología. Una comisión integrada por el Poder Judicial, la Fiscalía y el Ministerio del Interior diseñó un sistema de tobilleras electrónicas para vigilar los arrestos domiciliarios.
Este sistema es mucho más sencillo que el empleado hoy para prevenir la violencia doméstica. Los policías que monitorean el sistema, vigilarán también el cumplimiento del arresto domiciliario, pero, en lugar de evitar el acercamiento de dos personas en movimiento, deberán controlar que un procesado o condenado no salga de su casa. Para ello, contarán con una tobillera electrónica, idéntica a la que se emplea hoy, y una base con teléfono y censor de movimiento (para evitar que la trasladen). La base envía una señal georreferencial al CCU y una de radiofrecuencia a la tobillera. Si se mueve la base o la tobillera se aleja de aquella más de lo permitido, se encenderá una alerta en el CCU.
El gobierno también pretende extender el sistema de tobilleras electrónicas para controlar las salidas transitorias de los presos. Un recluso en una cárcel le cuesta US$ 750 al mes al Estado, mientras que el alquiler de tobilleras cuesta US$ 330 al mes.