En la segunda parte de Volver al futuro, Marty McFly hacía cosas en 1955 que repercutían en el “presente” de la película, situado en 1985. El presente estaba condicionado por el pasado, su “padre temporal”, llamémosle.
En la segunda parte de Volver al futuro, Marty McFly hacía cosas en 1955 que repercutían en el “presente” de la película, situado en 1985. El presente estaba condicionado por el pasado, su “padre temporal”, llamémosle.
Eso es un poco lo que sucederá el próximo mes de setiembre, cuando la empresa de DC Comics reescriba desde cero –en una especie de precuela total– la historia de Superman y del resto de superhéroes que cobija bajo sus alas. Ese mes DC Comics lanzará al mercado una nueva serie de 52 revistas, cuando la historia del engominado hombre maravilla disfrazado de periodista promete ser la más polémica de todas las que se reescribirán.
¿Por qué? Porque entre otros cambios, los actuales responsables de DC no tienen empacho en hacer que Clark Kent nunca se case con Luisa Lane, que abandone su aura magnánima para hacer justicia y mate enemigos o deje su patria de adopción —la estadounidense ciudad ficticia de Metrópolis— y se convierta en defensor del mundo entero. Esto significa atravesar las fronteras de un héroe que tan bien delimitó Umberto Eco en 1964, en Apocalípticos e integrados.
La ira popular
Al hacer borrón y cuenta nueva, la historia del nuevo Superman altera aspectos centrales de la narración mítica del héroe. Dan DiDio, coeditor de DC Comics, justificó los cambios. “Hay facetas todavía no exploradas de los personajes, que merecen hacerse explícitas a través de estas nuevas reescrituras. Queremos decir más cosas sobre los superhéroes. Creo que habrá grandes cambios en la figura de superman”, dice DiDio.
Los fanaticos no demoraron en saltarle a la yugular. “Dejen a Superman quieto”, o “¿Por qué arreglar algo que nunca se rompió?”.
Traumas y madurez
Para la psicóloga infantil Silvia Sanjurjo, cuando un adulto no puede vencer los eventuales cambios de una narración de ficción es un signo de inmadurez. “(La no aceptación del cambio) Tiene que ver con el proceso de madurez, con las seguridades y las certezas que necesita un niño”, dice Sanjurjo.
Al cambiar las reglas de juego, los niños no aceptan esa variante. Pero con los adultos es otra cosa.
Su colega Alejandro De Barbieri coincide con Sanjurjo, pero entiende, como fan que es de Superman, que los seguidores de toda la vida se sientan traicionados. “Se parece mucho a la idealización de tu padre. Si el superhéroe se divorcia, se nos cae el ídolo. Quizás sea un exceso de humanización”, opina De Barbieri.
Pero a la vez, el psicólogo le ve un lado positivo al asunto. “(Superman) Va perdiendo sus características de héroe y se vuelve más humano, lo que también es bueno. El miedo a los cambios puede provocar quedarse en el pasado, en una postura de: ‘la historia es como yo la recuerdo’. El ídolo tiene que caer. El mito necesita ser reinventado: no pierde su fuerza”, concluye el analista.
Una pelea feroz
Hay quienes, aparte de psicoanálisis, ven negocios detrás de estos cambios. Rodolfo Santullo, editor y guionista de cómics, opina que la estrategia comercial de Marvel —principal competencia de DC— ha tenido muchos éxitos (El Hombre Araña, los X-Men, Thor), por lo que DC sale ahora a la carga con un intento desesperado por recuperar terreno. “No me sorprende. DC quiere reconvertir todo”, dice Santullo, aunque reconoce que de todas las reescrituras de Superman que ha intentado DC (en los ’80 y ’90 ya lo había hecho) esta “es la más ambiciosa”.
La pelea última detrás de los tinglados y las máscaras de Marvel y DC es entre Disney y Time-Warner, dueñas respectivamente de esas subsidiarias. Esos son los Lex Luthors que se baten a duelo. El premio gordo: dominar todo el panorama del mundo del cómic.