Precios, costos, impuestos
Columna de opinión publicada en El Observador Agropecuario
Estamos en tiempos de planear para el país cinco ejercicios hacia adelante a través de la ley de Presupuesto. Es importante usar para eso fundamentos sólidos, como por ejemplo que el Estado no es eficiente para producir bienes y servicios, y que el sector privado debe competir todo el tiempo, dentro o fuera del país.
El ciclo largo de las materias primas muestra una tendencia fuerte a precios altos; dentro de esa curva larga positiva, hay fluctuaciones cortas con subas y bajas. Cuando bajan los precios de las materias primas, como ahora la soja, también bajan los costos como el petróleo y derivados (agroquímicos).
En esta última oscilación corta, la soja bajó 30% y el petróleo cayó 50%. El problema es el traslado de los precios internacionales a los productores locales.
Los precios internacionales le llegan a nuestros productores directamente y por suerte sin detracciones, aunque a veces achicados por un tipo de cambio inconveniente.
El problema aparece en un ciclo de baja con los costos, que en Uruguay están altísimos comparados contra cualquier país relevante en el mundo. El responsable de esta situación y quien puede y debe corregirla es el Estado.
Básicamente, el Estado ha gastado de más y así ha generado la trampa en la que estamos metidos.
En tiempos de recaudación fiscal buena, el gobierno debió cuidar sus propios costos y no despilfarrar recursos. Al gastar poco, sobran pesos cobrados de impuestos; con ellos se compran dólares (y así se mejora el tipo de cambio) y se reduce deuda externa.
De paso al gastar poco se controla la inflación; esa es la conducta virtuosa. Lamentablemente en el gobierno saliente sucedió exactamente lo contrario: exceso de gasto, aumento de deuda, caída de tipo de cambio, exceso de inflación.
En la ley de Presupuesto el nuevo gobierno de Tabaré Vázquez dirá cómo quiere cobrar impuestos y gastar recursos; todo tributo debe tener sanción parlamentaria, pero hay dos impuestos pesados que no la requieren: las tarifas (en su parte recaudatoria) y la inflación (que es el peor impuesto).
En el pasado se usó el concepto de “espacio fiscal” para básicamente gastar de más, hasta el último peso recaudado, y todavía bastante más. Eso fue un error económico grave (aunque quizás fue un acierto político), pero no se puede repetir porque volvería a ser un error económico. Y además sería ahora un error político también.