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Los países productores de alimentos enfrentan siempre un difícil dilema. Cuando las materias primas alimenticias se encarecen las exportaciones se disparan, entran divisas y la bonanza se derrama al resto de los sectores. Sin embargo, ese aumento viene acompañado por un empuje de los precios al consumo.

La carne no solo es un producto de exportación sino una pieza clave de la canasta de consumo de los uruguayos y eso implica que es también una fuente de presiones inflacionarias.

Hoy la evolución de los precios internacionales nos sonríe. Las materias primas en general reducen sus precios pero los granos aumentan de forma importante, impulsados por la sequía en Estados Unidos y las difíciles condiciones de oferta en otros grandes productores.

La soja y el trigo en su conjunto superan las ventas al exterior de carne en Uruguay, con lo cual una suba en el precio fomenta las exportaciones y compensa las caídas producidas por la carne, la celulosa y otras materias primas que Uruguay produce.

Pero a diferencia de otros commodities, la soja tiene un peso muy reducido en la canasta de consumo de los uruguayos, con lo cual no tiene un impacto significativo sobre el Índice de Precios al Consumo (IPC). Por el contrario, la carne sí lo tiene y de hecho, su comportamiento a la baja en los últimos meses puso un techo en 8% al último registro de inflación.

La evolución reciente de los precios al consumo no solo beneficia a Uruguay por el lado de las exportaciones, sino también por las importaciones. El principal insumo que Uruguay adquiere del exterior es el petróleo y en los últimos cuatro meses su precio cayó 23%.

Si bien el combustible es un precio tarifado por el Ministerio de Economía y no reflejó la caída en los valores internacionales, la baja permite aliviar los balances de ANCAP, castigados por la dilación en el último ajuste al alza de sus precios.

Pero no solo eso. La suba de la soja no solo beneficia a Uruguay sino y en mayor medida a Argentina y retrasa, al menos unos meses, el recrudecimiento de la crisis que atraviesa. Buena parte de las finanzas públicas depende de los ingresos provenientes de la exportación de soja y de su enorme carga tributaria.

Eso no quiere decir que los problemas de financiamiento del gobierno argentino desaparezcan, pero sí que una soja 21% más alta que a fines de marzo le permite comprar tiempo a las autoridades y aplazar el desenlace -a esta altura inevitable-, de una crisis de confianza de la mano de un desequilibrio de la balanza de pagos y un déficit fiscal insostenible sin el acceso a los mercados de crédito.

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