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El Ministerio de Salud Pública (MSP) recibe, en promedio, 2.500 notificaciones de mordeduras al año. De éstas, el 97% corresponde a perros. El resto trae algunas sorpresas: en 2012 –último año procesado– se registraron cinco mordidas por mono pero, según apuntó Gabriela Willat, directora de Zoonosis, ninguna ocurrió en un zoológico. “Fue por mascotas. Había un mago con un monito que lo llevaba a las fiestas infantiles”, relató. Este año ya se intervino por un ataque de un zorro doméstico.

Las mordeduras por animales son de notificación obligatoria desde 2004 para descartar la transmisión de diversas enfermedades, en particular, la rabia. No obstante, Willat sostuvo que la cifra debe ser superior porque la persona no avisa a la autoridad sanitaria si sufre una herida de poca gravedad. Antes de esa fecha, el Servicio de Atención al Mordido recibía alrededor de 1.000 notificaciones cada año.

Con estos números, la tasa de mordidos es de 7,7 casos cada 10.000 habitantes. Cuatro de cada 10 accidentes afecta a adultos; mientras que una cifra casi igual (37%) afecta a los menores de 12 años. Y, en general, más de la mitad sucede en el domicilio. En 2012 y 2013 han muerto cuatro personas por las mordeduras que recibieron de los perros de su propia familia o conocidos.

“No tenemos solucionada la prevención de las mordeduras a pesar de las normativas existentes”, afirmó la especialista en referencia a la Ley de Tenencia Responsable (Nº 18.471), decretos municipales –que, por ejemplo, exigen que los perros estén atados en la vía pública–, y la creación de la Comisión Nacional Honoraria de Bienestar Animal.

Un uruguayo, dos perros
Desde la Academia Nacional de Veterinaria se ha calificado como “descontrolado” el aumento de los ataques y mordeduras entre perros y hacia los humanos debido a dos causas: el incremento de las poblaciones errantes y de la tenencia de animales de gran porte; aunque con una característica en común: la falta de un sentido de tenencia responsable. Su presidente, Julio García Lagos, recalcó el riesgo que representan las jaurías de perros en el interior que se conforman con “cachorros que son largados en la carretera”.

Por cada uruguayo, hay dos perros. De acuerdo a cifras de la Comisión Nacional de Zoonosis (CNZ), la población canina es de 1,3 millones. Esta cifra es casi el triple del promedio europeo. La mitad vive en Montevideo. Esta estimación es mayor que la de la Dirección de Zoonosis del MSP que calcula que hay 825.600 perros.

No obstante, el presidente de la CNZ, Ciro Ferreira, dijo a El Observador que si no se hubiesen practicado 160.000 castraciones desde 2007 a la fecha, habría más perros que las personas que habitan en el área metropolitana: al menos 2,4 millones de animales. Un dato asombroso: en seis años, una perra y sus crías tienen la capacidad de producir 67.000 nuevos cachorros.

Las esterilizaciones quirúrgicas se han realizado en áreas rurales y de contexto socio económico crítico en todo el país. La medida apunta al control de diversas enfermedades (ver despiece). Se calcula que entre 200.000 y 300.000 mil perros viven en zonas de riesgo para hidatidosis.

Los datos de la CNZ provienen de una encuesta realizada en 2012 y se prevé una actualización este año.

Perros dominantes
A partir de 1999 se ha registrado un aumento de las mordeduras en domicilio en detrimento de los ataques en la vía pública: de 28% al 55%. Esto se debe, a juicio de Willat, por cambios en la selección de las razas y en el comportamiento de los dueños. “Todo el mundo cree que puede tener cualquier perro y no es así. Y todo el mundo cree que sabe educar un perro y tampoco es así”, afirmó.

Por un lado ha crecido el tamaño medio de los perros: de 17 a 27 kilos; por otro, ciertas razas dominantes son elegidas como perros guardianes pero conviven con la familia sin recibir un adiestramiento adecuado. “Cada vez se humanizan más”, dijo la directora de Zoonosis.

Esto significa que el animal no se ubica “jerárquicamente” en el escalón que le corresponde dentro de la familia y esperará lo que entiende como una provocación para lanzarse para demostrar su dominancia. “(El ataque) nunca es de golpe. Algo ocurre que lo desencadena: mirarlo a los ojos, pasar al lado del plato de la comida, o molestarlo cuando está durmiendo. Son instancias en las que el perro, como ente superior, ve un desafío”, explicó.

De esta forma, las mordeduras en domicilio “obedecen” a perros de gran porte en manos de “dueños no calificados” que ejercen su dominancia frente a familiares y amigos y que provocan lesiones de mayor gravedad. El pico de agresividad se desata a los dos años de vida.

Los niños llevan la peor parte. Los menores de 2 años son mordidos en la cabeza y en las manos. Las heridas múltiples alcanzan al 15% en esta población. El índice baja a 6% para los adultos, quienes reciben más mordeduras en los miembros inferiores (ver infografía). “El perro avisa, ataca y para. En un ataque por dominancia, no va a parar hasta que el oponente se dé por vencido. Por eso (las lesiones) son tan graves”, relató la experta.

En los últimos 10 años han muerto siete personas por mordeduras de perro conocidos por ellos. “Es inconcebible”, calificó Willat. Todas podrían haberse evitado. El año pasado se registraron dos casos: un hombre de 54 años y una mujer de 78. Los casos más sonados fueron los de un niño de 2 años mordido por el ovejero alemán de su abuelo en 2002 y el de una mujer de 80 años atacada por sus dos perras boxer en 2004.

“Así como uno programa tener un hijo, hay que pedirle consejo a un veterinario para saber cuál es el mejor perro para cada familia”, concluyó Willat.

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