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Cuando en 2010 El secreto de sus ojos obtuvo el premio Oscar a la mejor película extranjera, seguramente para muchos pasó desapercibida otra cinta que compartía nominación en esa categoría. Se trataba de Un profeta, del francés Jacques Audiard, que se estrenó en Uruguay un mes después de la premiación.

Era una categoría difícil, ya que en la misma competían Ajami (Israel) y La teta asustada (Perú), pero sobre todo La cinta blanca (Alemania), dirigida por un peso pesado del cine mundial como es Michael Haneke. Para sorpresa de muchos, el director austríaco no se quedó con el galardón de hollywoodense, pero sí lo hizo con la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Allí también competía Audiard, que finalmente obtuvo el premio del jurado.

Este año Cannes le dio revancha al francés, que se coronó el fin de semana pasado con el máximo galardón por su nueva película, Dheepan.

El filme de Audiard cuenta la historia de Dheepan, un guerrillero de los Tigres Tamiles de Sri Lanka, que se une a una mujer y a una niña a las que no conoce para poder huir de la guerra civil del país asiático, que enfrentó a los guerrilleros que querían conformar un Estado propio para la minoría tamil e hindú, con el ejército de un país gobernado por una mayoría cingalesa y budista. Los tamiles fueron derrotados finalmente en 2009.

El cineasta se valió en parte de la historia real de su protagonista, Jesuthasan Antonythasan, un exguerrillero esrilanqués obligado a entrar en la milicia a los 16 años, que a los 19 huyó a Tailandia y más tarde recibió asilo en Francia.

Perfil de un gran cineasta

Jacques Audiard es hijo del director Michel Audiard, tiene 63 años, tres décadas de actividad como guionista y realizador, y siete largometrajes como director, pero fue recién en 2009 que el público mundial comenzó a ubicarlo como uno de las voces más destacadas del cine francés. Es que nadie que haya visto Un profeta, una cinta que combinó lo mejor del cine europeo con el norteamericano, puede haber olvidado el nombre del francés.

La película narra la historia de Malik, un inmigrante de origen argelino de 19 años, que termina en una cárcel francesa. El motivo por qué está entre rejas es desconocido, pero eso no es importante. o que a Audiard le interesa es el proceso por el que ese joven inseguro y con cara de niño va perdiendo la inocencia y se convierte en un hombre que sabe finalmente cómo hacer algo: delinquir.

Su siguiente película, De rouille et d’os (traducida en castellano como De óxido y hueso), se estrenó en 2012, aunque no fue proyectada en Uruguay. La cinta representa una de las historias de amor menos románticas que haya dado el cine en los últimos años. La actriz francesa Marion Cotillard y el belga Matthias Schoenaerts interpretan a dos seres con las almas vacías y los cuerpos expuestos en su más cruda carnalidad: ella amputada de las dos piernas tras un accidente, él siendo lo único que puede ser, una masa de músculos. A Audiard le interesa el devenir, la transformación de ese “hombre de las cavernas” en alguien con corazón.

Como lo han hecho otros filmes destacados de los últimos años en el cine francés, como El pasado, de Asghar Farhadi, Caché de Michael Haneke, o Cuscus de Abdellatif Kechiche, en Dheepan Audiard vuelve al tema de la inmigración. Pero al igual que en Un profeta y De óxido y hueso, al realizador no le interesa el pasado de sus personajes sino el devenir por mundos no transitados que los transforma.

Esta mutación en el caso de Dheepan gira en torno a los procesos que atraviesa esa “familia ensamblada” y a la manera en que su nueva existencia como inmigrantes ilegales, que no hablan francés, los sitúa otra vez lidiando con la violencia, pero esta vez en la periferia de París. Es difícil imaginar en vista de sus dos filmes anteriores que los personajes de Audiard, que suelen destacar por su parquedad de diálogo y su automatismo desafectado, sean de una naturaleza diferente en Dheepan.

Al ser consultado por el diario The Telegraph sobre cómo Audiard emocionaba al público con semejantes personajes, el coguionista de Un profeta, De óxido y hueso y Dheepan, Thomas Bidegain, dio un ejemplo ilustrativo. “Alguien le preguntó a Clint Eastwood: ‘Tus personajes no hablan, ¿cómo haces que el público se preocupe por ellos?’. Eastwood contestó: ‘En el minuto cinco de la película alguien va a matar a su mujer y sus hijos, y a incendiar su casa’”.

Audiard no va tan rápido ni procede con tal alevosidad, pero sus personajes adquieren humanidad (en el sentido evolutivo del término) a fuerza de golpes. Pese a ello, el cineasta francés logra que sus películas generen una extraña empatía con el espectador, con una fórmula diferente a la de Hollywood, que las hace perdurables.

Es cierto que algunas de sus historias en manos de otro realizador podrían haber quedado en la despensa de las películas olvidadas. De óxido y hueso, sin ir más lejos, podría haberse convertido en una cinta lacrimógena sobre un boxeador y una lisiada. Por el contrario, Audiard logra quedar en el espectador como una presencia inusitada en base a un cine duro y frío, en apariencia, pero lleno de corazón.
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