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El área de cultivo de papa en Uruguay se viene achicando cada año de un 3% a un 5% y esa tendencia persistirá, al menos en las próximas zafras, informó a El Observador el productor y agrónomo Daniel Sellanes, directivo de la Asociación Nacional de Semilleristas de Papa (Ansepa), gremial que nuclea a los productores de este rubro de la granja.

“Desde hace tres años el área del cultivo viene cayendo en cada zafra, en la de otoño y en la de primavera”, señaló, por lo tanto esa disminución porcentual ocurre dos veces en cada año.

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Sellanes indicó que si bien hay varios motivos, sobresale uno: “cada vez tiene más peso en el consumo productos procesados importados, como papa en bastones, puré y chips, lo que desestimula la demanda de papa fresca cuyo consumo sigue bajando y, por ende, como los productores somos los mismos el área cae”.

Indicó, al respecto, que se ha tornado frecuente que “los productores vamos al mercado con una nueva producción y la plaza se satura en tres días”, con el lógico perjuicio para quienes producen la papa.

El productor reflexionó que “el consumidor busca lo más fácil, que no es lo más adecuado desde el punto de vista nutritivo, es un camino que en Estados Unidos, por ejemplo, ya se recorrió y que tras el tema grave de la obesidad ahora ha generado que se esté recorriendo el camino inverso, hacia una alimentación más natural, algo que acá tendrá que pasar, aunque no sabemos cuánto se demorará”.

Al respecto, Sellanes entiende que “a la gente le falta información, hay que explicarle más los beneficios que tiene el consumo de productos frescos” y que otro motivo que promueve un ingreso “con más fluidez” de productos procesados a la plaza es “un dólar que está caído”.

A la hora de citar otro factor que apuntala el achique del área del cultivo, Sellanes subrayó que “es complicado conseguir gente apropiada para el trabajo de la recolección de la papa, a las generaciones nuevas les cuesta, no les interesa el trabajo en el campo y eso es una limitante pese a que en este sector se pagan sueldos muy buenos, casi los mejores en el campo por lo que hemos averiguado”.

Esas adversidades han determinado que no pocos productores de papa hayan modificado en parte sus emprendimientos, “se reduce el área con papa y se hace un poco de soja”, evitando adversidades y sumando una buena rentabilidad de la mano de la agricultura.

En otro orden, Sellanes dijo que el rendimiento en la pasada zafra de otoño “fue bueno y con una calidad de papa buena, el consumidor tuvo todo el año un buen producto y un buen precio”, precisando que lo poco que puede quedar por cosechar, porque en agosto y setiembre cayeron 700 mm y eso retrasó el cierre de la cosecha, puede sí tener algún pequeño problema de calidad.

De todos modos, “hoy por hoy la mayoría de los productores tienen cámara frigorífica y mantiene el producto en buena calidad”, habiendo disminuido últimamente el porcentaje de papa de baja calidad.

Además, en 15 o 20 días comenzará a ingresar con fluidez la “papa nueva” al mercado, la de la zafra de primavera, aunque esta última semana ya hubo alguna entrada temprana. “Los cultivos vienen bien, fue una primavera lluviosa, pero el cultivo está bien perfilado, más allá de la caída del área”, añadió.

En materia de precio, por la papa de otoño, con rendimientos buenos, se logró un promedio de $ 6,50 a $ 7 por kilo y el productor “cubrió los costos y poca cosa más”, indicó, a la vez que reflexionó que “hay que tener en cuenta, a propósito del achique del área, que una cosecha mayor implica un mayor costo operativo, no por tener más kilos se hace más dinero”.

Algo menos de 100

Los productores con más de cinco hectáreas, según las últimas encuestas oficiales, son algo menos de 100. El 80% de la papa se produce en San José y otras áreas relevantes están en Rocha y Tacuarembó. Cerca del 90% ya dispone de la tecnología del riego, lo que muestra el avance tecnológico del sector, apuntalado además por una búsqueda de nuevas variedades para llegar con productos más adecuados y variados al mercado. Hay, incluso, apuestas en conjunto con el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria. Se utiliza semilla nacional e importada. En ese marco, el achique del área persistirá, pero habrá, según la demanda actual, un abasto adecuado en volumen y calidad.
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