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Si se toman como referencia los resultados ganaderos del año 2003, a la salida de la crisis provocada por la fiebre aftosa, los desempeño económicos del último ejercicio presentado por el Instituto Plan Agropecuario muestran que el valor de la producción bruta se multiplicó por tres, los costos se multiplicaron por cuatro y el ingreso de capital, lo que le queda al productor para vivir y reinvertir, se duplicó medido en dólares corrientes.

Sin embargo, en pesos constantes, fue apenas 13% más alto que el logrado en aquellos tiempos de crisis, dijo el presidente de la Asociación Rural del Uruguay (ARU), Ricardo Reilly, durante un discurso pronunciado en el tradicional Concurso de Novillos que se realizó ayer en Melilla.

El dirigente sostuvo que es necesario comprender que el incremento en los costos es estructural, pero no así el incremento en los ingresos, que son dependientes de los mercados y las vicisitudes del clima. Esta realidad es más cruda para productores criadores y peor aún si son de escala familiar.

Por otra parte, resaltó la importancia de las políticas públicas al resaltar que las políticas sanitarias “nos hacen un país creíble”. Destacó la labor de “nuestros servicios sanitarios” para la conservación de “nuestro estatus a nivel internacional”, luego de las difíciles secuelas de mercado que provocó la fiebre aftosa de 2001.

Resaltó también el sistema de trazabilidad ganadera, el liderazgo del Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) en el área de investigación y el aporte de la Facultad de Agronomía a través de la Unidad de Producción Intensiva de Carne (UPIC).

En esa línea, remarcó también el reciente proyecto que procura identificar cuáles son los animales más eficientes en conversión de alimento a carne, en calidad de las mismas y luego seguir su genealogía hasta la identificación de los genes y su combinación, que determinan la excelencia.

El dirigente aseguró entre los desafíos está el problema de las diferencias arancelarias, que son cada vez más determinantes a la hora de exportar, y citó un informe de la Cámara de la Industria Frigorífica que indicó que Uruguay pagó US$ 223 millones por concepto de aranceles en 2013. “ Esto significa el 17% del valor total de nuestras exportaciones cárnicas”, argumentó.

Reilly afirmó que reducir estos costos de ingreso a los mercados externos “requiere de una agresiva estrategia que nos permita consolidar acuerdos de libre comercio, como lo vienen haciendo otras economías que compiten con nosotros en el mundo”. l


Compartimento también para los vacunos

Reilly dijo que espera confiado que en el corto plazo se sume a los mercados ya existentes el acceso con carne ovina con hueso al Nafta, la UE y otros mercados, en alusión al Compartimento Ovino. Esto abriría una posibilidad de precios diferenciales, con el consiguiente impacto productivo y social que tiene la actividad ovina . “No debemos perder de vista que el Compartimento puede llegar a replicarse para exportar carne bovina con hueso, exportación de animales en pie y material genético a países que aún cuestionan nuestro estatus en fiebre aftosa” por vacunar.
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