Presidentes que ríen y amantes en cuarentena: las otras imágenes del coronavirus
El virus acecha también a gobiernos y gobernantes, hace temblar las bolsas y vuelve insípidos los besos
Se podría hacer una apuesta segura que si Mario Benedetti anduviera por aquí les preguntaría de qué se ríen señores presidentes, por qué tanto gozo, tanta euforia. En la imagen difundida por la presidencia de Brasil, Jair Bolsonaro y Donald Trump celebran a plena risa su encuentro en la residencia Mar-a-Lago, de Palm Beach. Por detrás y a la izquierda de este par de hombres inmunes al cambio climático, alérgicos a la prensa preguntona y que comparten recetas políticas, se asoma el rostro simple del secretario de prensa del mandatario brasileño, Fabio Wajngarten, que, a la vuelta del viaje, dio positivo. Trump, enterado del suceso, respondió que no está “preocupado”. A lo Trump.
Igualdad
La derecha recalcitrante, y no solo, diagnosticó con premura que en el gobierno español proliferan los riesgos de contagio: nacionalismo desviado con fractura inminente, residuo de chavismo con amenaza de rebrote, antimonarquismo soterrado potencialmente real, y más zarandajas. No se sabe si todo esto baja las defensas pero lo cierto es que el virus que recorre el mundo —como el fantasma aquel— divisó e infectó a la ministra Irene Montero, que apenas el domingo 8 de marzo había tomado las calles de Madrid en el señalado día de la mujer. Asociada por ciertos medios a la izquierda radical, Montero, pareja de Pablo Iglesias ahora en cuarentena, es la más igual entre iguales en virtud de su cargo de ministra de la Igualdad. Se recupera a satisfacción. Del coronavirus.
YONHAP / AFP
Disciplina
El béisbol consiste en golpear una pelota que puede viajar a 150 kilómetros por hora. Kim Moon-ho, jugador de Hanwha Eagles en la liga profesional de Corea del Sur, lo practica una y otra vez. Al casco, el bate y los guantes agrega ahora el aditamento de la mascarilla. En este avispado tigre asiático saben de pelota y de un montón de cosas más. Por ejemplo, esquivar mejor que nadie el índice mortal del coronavirus: 0,8% de promedio contra 3,4% de la tasa mundial. Aprendieron de sus propios errores en la crisis del Síndrome respiratorio del Medio Oriente (Mers) en 2015, cuando carecieron de suficientes pruebas. Ahora hicieron más que cualquier otro país, habilitaron 500 clínicas y 40 más ambulantes. Su campaña distanciamiento social logró reducir los contactos gracias a que la población actuó con disciplina: como Kim Moon-ho
AFP
La bolsa o la vida
Wall Street tembló y este hombre, rodeado de pantallas, no daba crédito a lo que los números le mostraban. Acostumbrado a tomar el pulso del mundo económico, solo podía, con el nudo de la corbata aflojado, lanzar un grito. El jueves de esta semana lo que se multiplicaba era el número de confinados en el mundo, mientras el Dow Jones y el Nasdaq caían en picada. Pero rebotaron. Los mercados, que tienen su propia vida, percibieron que la liquidez seguirá en circulación.
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El beso
Hasta el amor es distinto en tiempos del coronavirus. En frente de la Fontana di Trevi en Roma, ahora ciudad desolada aunque eterna, esta pareja de turistas sella el momento con un beso insípido, quizás sea el recuerdo de su primer viaje a Italia, el país donde el impacto del coronavirus ha sido más alto con una tasa de mortalidad que más que duplica la de China. Sesenta millones de italianos están confinados en sus casas en cuarentena esperando que se cumpla la promesa del primer ministro Giuseppe Conte: "Lo lograremos, para que mañana podamos volvernos a abrazar". Y besar.