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Era un alumno de perfil bajo y buen estudiante pero en el liceo no tenía éxito con las chicas. Todo empezó por ahí. Juan (nombre ficticio del joven) le decía a sus compañeros que afuera del colegio “ganaba” con las mujeres para que no lo molestaran. Pese a no pertenecer al grupo de los populares nunca era tomado para la broma, aunque un día comenzaron a desafiarlo sobre su éxito con las mujeres. Primero los ataques fueron en el liceo. Al poco tiempo pasó a otro plano.

Un grupo de compañeros del joven en el colegio privado crearon un perfil falso de una chica en la red social Facebook con un solo objetivo: “cargarse” a Juan. Las charlas mediante chat duraron un mes e incluso los hostigadores planificaban una fiesta donde el joven concurriría para que le presenten a su nueva amiga, aunque en realidad se burlarían de él. Al final la broma no cuajó.

Distintos psicólogos consultados por El Observador afirmaron que en los últimos diez años los casos de acoso escolar cobraron mayor visibilidad en los centros educativos uruguayos.

“El bulliyng siempre existió pero ahora se empezó a trabajar y a tratar como un problema. Hay más conciencia”, dijo a El Observador el psicólogo especializado en el tema, Roberto Balaguer.

El acoso escolar (también conocido como bulliyng por su traducción al inglés) es el hostigamiento sistemático hacia una persona por parte de uno o más compañeros.

Si bien hay una víctima y un acosador (o un grupo), los perfiles psicológicos de ambos reflejan problemas de autoestima. El acosado suele ser introvertido y tener perfil bajo. Mientras, el acosador pretende ganar un espacio social en su grupo. El miedo del acosado a revelar la situación es la principal herramienta utilizada por el hostigador para protegerse de ser descubierto por los adultos.

El caso relatado fue descubierto tras una charla de Juan con una de sus compañeras que participaba del grupo de acosadores. Al contarle ilusionado sobre su nueva amiga, la chica tomó conciencia del daño que le estaban haciendo al compañero y lo contó los adscriptos. “Pidió que pare ya”, narró a El Observador el jefe de adscriptos de la institución.

El colegio sancionó a los hostigadores con medidas disciplinarias y mostró lo que hacían a sus padres, pero también dio apoyo psicológico al acosado. Además fueron realizadas jornadas de integración en ese grupo de clase para restablecer los vínculos.

La acción de los privados
Los golpes sistemáticos durante los recreos de un grupo de alumnos hacia otro, los insultos reiterados a un compañero, agarrar de punto siempre al mismo como objeto de todas las bromas, no permitir a una persona sentarse a almorzar con un grupo si no convida con su merienda, inventarle un apodo que no le gusta o difundir rumores falsos sobre una compañera, también son formas de acoso escolar.

Tras el estudio del fenómeno y el análisis de casos, instituciones privadas de referencia comenzaron a poner el tema como uno de los ejes de sus proyectos de convivencia.

En la enseñanza pública el tratamiento es distinto. Pese a que los conflictos se suceden a diario en los liceos, el Consejo de Secundaria (CES) carece de un plan concreto para combatir el bulliyng.

Un informe de Naciones Unidas publicado el año pasado reveló que el 51 % de los niños de sexto año de escuela de distintos países latinoamericanos declararon ser víctimas de acoso escolar.

Según indicó a El Observador el defensor público de Adolescentes, Daniel Sayagués Laso, a la Justicia de Adolescentes sólo han llegado casos de cyberbulling entre alumnos de colegios privados tras la intervención de las instituciones o los padres, aunque ningún menor ha sido procesado. Por lo general, estos casos se han solucionado por arreglos entre las partes por fuera de la Justicia.

El jurista dijo que debería legislarse porque “el mero insulto o el mero deseo de que a otro le vaya mal no encuadra en ningún delito”. Según Sayagués puede tipificarse un delito de amenazas o de violencia privada si se prueba que existieron presiones pero son aspectos difíciles de probar a pesar de las consecuencias que pueden tener para la víctima de la agresión.

Lo normal
El último caso de enfrentamiento que salió a la luz en un liceo público fue hace dos semanas en Punta del Este. Una golpiza a un estudiante terminó con la remoción de la directora de ese centro, quien opinó que el alumno “tal vez quedó más lindo” tras los golpes. Además, los docentes de ese centro dijeron que los líos son “normales”, pese a los reclamos de intervención de los padres.

Balaguer explicó que uno de los mayores problemas para tratar el bullying es la “relativización” del tema que hacen algunos adultos.

El Consejo de Secundaria carece de un registro sistematizado de las agresiones y de los casos de acoso escolar en liceos uruguayos, informó a El Observador la consejera Ema Zaffaroni.

Marcar el límite
En el ámbito privado hay colegios que todos los años realizan encuestas a sus alumnos para determinar si son víctimas o si practican el hostigamiento. Además diseñaron distintas estrategias y ciclos de charlas para que los alumnos, docentes y padres conozcan el problema y puedan identificar las situaciones de acoso, sin que sean vistas como normales.

Si bien los centros hacen foco en la prevención, las instituciones consultadas coincidieron en el procedimiento de intervención ante la detección de casos. Además de convocar a los padres y aplicar sanciones disciplinarias ejemplarizantes para el resto del alumnado, los colegios dan atención psicológica tanto a la víctima como a los acosadores.

Las estrategias
El Colegio Alemán cuenta desde hace tres años con un protocolo de intervención para casos de bullying y pone especial énfasis en observar el comportamiento de los alumnos de secundaria durante los recreos. Desarrollaron distintas estrategias pedagógicas y charlas con los padres, sin dejar de lado las sanciones a los hostigadores.

Uno de los mecanismos fue institucionalizar situaciones que generaban peleas entre estudiantes como los partidos de fútbol con pelotas de papel en el patio. En ese caso, el colegio creó un campeonato interclase de la disciplina. También les piden a estudiantes de grados superiores que ayuden. Por ejemplo, si un alumno de primero está aislado, le piden a uno de los populares de tercero que lo integre a su grupo como forma de elevar su consideración entre su grupo de pares.

El liceo Francés también diseñó un plan hace dos años que cubre desde primero de escuela a tercero de liceo. Además de charlas y encuestas, fueron designados grupos especiales de docentes para acompañar a los grupos y monitorear su conducta, explicó a El Observador una de las psicólogas de la institución, Jaqueline Laffite.

La psicóloga narró un caso en que un alumno era insultado y acosado por otro, pero el resto de los compañeros no se daban cuenta, porque la víctima socializaba con otros alumnos aunque no contaba la experiencia por miedo. Tras meses de hostigamiento, un día llegó llorando a su casa y narró lo sucedido a los padres, quienes se comunicaron con la institución.

“Obviamente después llamamos a la familia del acosador y le pedimos ayuda. La familia acepta esas normas o no, y sino no es posible la convivencia con esa familia”, dijo Lafitte.

En el colegio Seminario en caso de detectarse un problema se toman horas de clase para trabajar con los grupos, señaló la jefa del departamento de psicología, María Inés Silva.

Además del seguimiento de alumnos, el colegio creo el cargo de “jefe de convivencia” que destina la totalidad de sus horas a seguir situaciones que requieran intervención directa. Frente a “situaciones graves” se disponen sanciones.

El colegio Inglés comenzó a trabajar en charlas con padres y docentes hace siete años, dijo la encargada de psicología del centro, Pilar Silveira. Además, a partir de este año realizaron un trabajo anual con los grupos de cuarto a sexto de escuela, que incluía tareas domiciliarias que los chicos debían realizar junto a sus padres.

Por su parte, el Saint David’s realiza todos los viernes una instancia de asamblea de alumnos, donde los escolares de primero a sexto plantean los problemas de convivencia que tuvieron durante la semana, dijo el coordinador general de la institución, Julio Garderes.

Con los colegios privados a la caza del problema, en el sistema público todavía no se ven avances aunque sus responsables advierten que los insultos y golpes son normales.
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