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Los príncipes Guillermo y Máxima de Holanda fueron los invitados más observados de la boda a la que asistieron anoche en las afueras de Buenos Aires, al punto que varios curiosos no perdieron la oportunidad de mezclarse entre los invitados para fotografiarlos.

La princesa, invitada de honor al igual que su marido, cosechó todas las miradas a su alrededor al bajar del auto de la Embajada de Holanda que la llevó hasta el selecto club de campo de Buenos Aires, donde se realizó la boda de la argentina Samantha Deane y el barón holandés Frederik Rengers.

"No entiendo por qué lo hacen", expresó Máxima con un gesto de fastidio al ver que un grupo de curiosos sacaban fotos durante el saludo de los novios en el atrio.

Máxima, fiel a su estilo sobrio, no llevaba joyas, ni mucho maquillaje, mientras que Guillermo vestía un traje negro, con una corbata amarilla.

El flamante matrimonio, unido ante la presencia de unas 200 personas, se conoció precisamente en la boda de Guillermo y Máxima el 2 de febrero de 2002.

Máxima también aprovechó ayer para ir de compras junto a su madre, Carmen Cerruti, asistir una muestra de arte y visitar a amigos.

(EFE)

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