César R. Díaz, EFE. Los números manejados por los analistas son asoladores. General Motors puede perder entre un 10 y un 15 por ciento de su cifra de ventas en mayo. Ford llegaría hasta el 11 por ciento y el Chrysler subiría hasta el 15 por ciento.
César R. Díaz, EFE. Los números manejados por los analistas son asoladores. General Motors puede perder entre un 10 y un 15 por ciento de su cifra de ventas en mayo. Ford llegaría hasta el 11 por ciento y el Chrysler subiría hasta el 15 por ciento.
Los precios de los combustibles y el aumento de los tipos de interés -lo que se traduce en una financiación más costosa y por tanto vehículos más caros- son los culpables de la última sangría.
General Motors y Ford han emprendido una profunda reforma de sus estructuras productivas en Estados Unidos en un intento de controlar la caída y revertir las pérdidas.
Los cambios pueden ser suficientes para afrontar un panorama como el que se vive en estos momentos en el mercado norteamericano, con las japonesas Toyota, Honda y Nissan y la surcoreana Hyundai/Kia apretando el acelerador en todos los terrenos.
En pocos años, los fabricantes chinos se sumarán al lío.
Algunos todavía infravaloran compañías como Chery, que sólo empezó a producir automóviles hace seis años.
Chery, China First Automobile Works, Dongfeng Motor, Geely y otras compañías chinas no son Yugo ni el sistema socialista o económico de la China de hoy es el del mariscal Tito en la Yugoslavia de los años 80 del siglo pasado.
Los fabricantes chinos pueden hacer daño, mucho más daño que los japoneses o surcoreanos, a Detroit en el corto plazo.
Los fabricantes chinos están mostrando una asombrosa capacidad para aprender y ampliar sus operaciones, no sólo en el terreno automovilístico, sino en casi cualquier otro campo científico-industrial.
¿Qué pasará cuando Chery empiece a vender centenares de miles de vehículos en Estados Unidos o cuando otras compañías chinas establezcan el mismo objetivo?
El Departamento de Defensa estadounidense ha identificado a China como el principal rival económico y militar de Estados Unidos en las próximas décadas y está elaborando planes futuros basados en esta premisa. Seguramente Detroit habrá tomado buena nota de ello.