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Es recomendable leer el último libro de Henry Kissinger sobre China. Un protagonista de primera línea que desde su cargo de canciller de Estados Unidos posibilitó el diálogo y la cooperación entre ambas potencias, con la denominada diplomacia del ping pong. Su relato es una estupenda síntesis de las cuatro décadas que transformaron completamente a China y de paso al mundo. La bipolaridad de la guerra fría entre el capitalismo de Estados Unidos y el comunismo (o al menos el socialismo real) de la Unión Soviética dieron paso a un nuevo orden con China como actor principal y luego un conjunto de actores secundarios, en distinto orden de importancia: Estados Unidos (muy cerca), Europa (alejándose), India-Rusia (estables), América Latina (incierto), entre otros. Cada uno con su zona de influencia que defiende a capa y espada, como si fuera un nuevo pacto de Yalta no escrito.

Según estimaciones de organismo internacionales, la brecha en el PBI entre los países desarrollados y los emergentes era de US$ 22 trillones (millón de millones) en el 2003 y se redujo en el 2012 a US$ 17 trillones. Dicho de otra manera, al inicio del período los países ricos tenían el triple de riqueza que los pobres y al final solo los superan en 50%. Esto ya sería una noticia relevante por sí misma. Pero se queda muy pequeña frente al pronóstico para la década 2013-2022: la brecha se reducirá hasta US$ 4 trillones, para luego desaparecer. Detenga la lectura un segundo para reflexionar: ¿usted tenía claro a la salida de nuestra crisis 2002 que en tan breve lapso el tamaño de ambos mercados, desarrollado-emergente, sería igual?

Algunos me dirán que la renta per cápita seguirá siendo diferente (cierto), que los países no se desarrollan en 20 años (parcialmente cierto), que todo esto puede ser pasajero y revertirse (falso). Quienes no entienden el cambio piensan que la lógica del siglo pasado durará para siempre. Se equivocan.

Pongamos la lupa en dos bloques comerciales muy importantes para Uruguay: la Unión Europea y el Asia emergente. A la salida de nuestra crisis económica (2003) el PBI de la Unión Europea superaba al de Asia emergente (China y su barrio) en US$ 8 trillones. En la actualidad por las lentas tasas de crecimiento de unos y las altas tasas de otros, ambos PBI ya son similares. En diez años más la riqueza asiática superará en US$ 9 millones a la de la Unión Europea. ¿Usted pensaba que esto iba a pasar tan rápido? Yo no. No me “caía la ficha” como dicen los jóvenes: ahora sí me cayó.

En 2003 China prendió su aspiradora de granos y remodeló al mundo de los agronegocios en muchos países. Entre ellos Uruguay: 1 millón de hectáreas de soja son el pivot alrededor del que se mueve todo el conjunto. En 2013 China se consolidó de un solo golpe como principal comprador de carne vacuna de Uruguay en volumen (22%), tomando la posición que detentó Rusia durante cinco años. En cuestión de meses. Impresionante.

En reciente visita a Irlanda, para un encuentro de economistas de la carne, tuve ocasión de intercambiar ideas con colegas del mundo respecto a estos cambios. Mal de muchos, consuelo de tontos: casi todos están tan perplejos como nosotros. Las estadísticas de los grandes países (China, India) no recogen la totalidad de la realidad: hay que investigar bastante para que emerja algo de luz. A las compras chinas por canales “normales” hay que sumarle compras por canales informales (grises), que hacen que las cifras aumenten rápidamente.

La distancia cultural con el continente asiático es grande: es otra forma de hacer negocios. En el caso chino, se suman además factores específicos: es un país con autoridades de partido único que tienen cierta discrecionalidad para el manejo del marco regulatorio. Sin mencionar los poderes locales y arreglos institucionales extraños a nuestra lógica occidental. No es tan claro que China se vaya a someter a las disciplinas del comercio mundial (llámese OMC, OIE u otra), de igual manera que lo hace una nación pequeña como Uruguay.

Lo único claro para mí es que estamos asistiendo a un período de extraordinarias posibilidades para el Uruguay en general y para los agronegocios en particular. A pesar de habernos transformado en un país caro en dólares, a pesar de tener rezagos importantes en infraestructura y educación, a pesar de no haber focalizado suficientemente en la productividad y la eficiencia seguiremos creciendo: 4% este año y si se concretan algunos proyectos importantes 5% en el futuro. En los mismos 20 años de referencia (2003-2022), claves en la vida de muchos de nosotros, el país habrá pasado de la renta baja a la renta media-alta golpeando quizás la puerta tan anhelada: la que podría transformarnos en un país económicamente desarrollado. ¿Usted pensaba en esto en el 2002, en la oscuridad de la crisis? Felicitaciones, es de los pocos que ve la calma venidera en medio de la tormenta. Un protagonista de la historia: enséñele ese don a sus hijos y nietos, lo van a precisar.
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