Proyecto de familia
La campaña modifica la rutina familiar y expone a quienes acompañan a los candidatos desde que suena el despertador
"¡¿Ese es el Tata Tabaré?, preguntó Juan Manuel con todo el asombro que puede sentir un niño de 5 años al ver a su abuelo consentidor en la televisión. “¿Y qué dice? Porque no entiendo nada”, agregó para la anécdota Álvaro Vázquez, padre del niño e hijo mayor del candidato frenteamplista. Juan Manuel ahora tiene 10 años y ya entiende que, en tiempos electorales, quizá se tenga que pasar por alto algún almuerzo de los domingos.
Y ayer fue el domingo menos rutinario de todos.
Para empezar, el despertador sonó demasiado temprano. En la casa de Luis Lacalle Pou sonó a las 6. Aunque los niños Violeta, Luis Alberto y Manuel se despertaron después de las 9, luego de una noche de pijama party con cuatro amigos. En la casa de Tabaré Vázquez, como tarde, habrá sonado a las 7 para que el candidato estuviera votando a las 8 en punto. “Es terrible. Ni mis hermanos ni yo somos tan estrictos con los horarios como él”, apuntó su hijo.
En tanto, en la casa de los Bordaberry se pudo remolonear hasta las 7.30. “La prensa venía a las 9 y había que ordenar. Pedro quiso salir a correr porque es su manera de distenderse”, contó su esposa.
Lacalle Pou salió enseguida de recorrida por Canelones y recién volvería a su casa pasada la hora 16. Su esposa, Lorena Ponce de León, quedó encargada de llevar a los invitados y visitar algunos clubes con sus hijos. “Ahora voto en Ciudad de la Costa. La primera vez (en 1999) no lo voté”, contó entre risas. Un domingo cualquiera marchan todos juntos al baby fútbol de los varones. Ayer, los niños tuvieron que conformarse con un picadito en el patio.
“Los chicos le han preguntado al papá si los va a sacar del colegio, o si van a poder seguir invitando amigos a casa. No les hablamos mucho de lo que puede pasar para no generarles ansiedad”, relató Ponce de León. Sin embargo, ya dijo que, si Lacalle Pou gana las elecciones, se permitirán los pijama parties en la residencia de Suárez y Reyes. “Nosotros estamos poco. No quiero que ellos sientan que cuando papá y mamá vuelven a casa y están juntos no puede haber nadie. Quiero que sepan que nuestra casa es una casa de amigos”, dijo.
Los Vázquez, con experiencia electoral desde 1989, aprendieron una lección logística: el asado familiar se hace el sábado previo a la elección. No obstante, todos pasan en algún momento por la casa “del viejo y la vieja”. Nadie más que su esposa, María Auxiliadora Delgado, acompaña al expresidente a votar. “Somos bien conscientes de que hay un lugar que es exclusivo para nosotros y nadie más lo puede tener: es estar al lado del candidato”, afirmó Álvaro, también oncólogo.
Oribe acompañó a Bordaberry a votar. También estuvieron presentes dos hermanos del candidato. De ahí se fueron a la votación de los hijos y después a un asado. “En estos días uno tiene ganas de estar rodeado de sus afectos para compartir este momento especial”, comentó ella.
Los Mieres también se movilizaron en masa. Federico, el hijo mayor de Pablo Mieres, candidato por el Partido Independiente, ya se encargó de dos jingles de campaña. Su banda de rock y su productora sonorizaron la letra escrita por el asesor de comunicación. Ayer, su esposa, Rossana Aboy, y sus otros hijos, Ignacio y Verónica, fueron y vinieron como delegados por distintos circuitos.
Ponce de León contó que acordó con Lacalle Pou que iba a apoyarlo públicamente en la campaña desde la última semana de setiembre hasta el 26 de octubre “para no empalagar”. Acordaron que en especial lo acompañaría en la gira por el interior. Pero además sellaron otro compromiso: “Cuando se entra a casa se pone el celular en silencio”. En todas las familias ocurre eso que sintetizó Álvaro Vázquez: “Las elecciones se convierten en un proyecto de familia”.
(Producción Carolina Delisa).