Mientras somos jóvenes: Un infructuoso choque de generaciones
Mientras somos jóvenes: Un infructuoso choque de generaciones
Ben Stiller y Naomi Watts son Josh y Cornelia, una pareja que ya atravesó el umbral de los 40 y se consolidaron como la pareja aburrida que no hace nada. No pueden tener hijos, porque Cornelia tuvo pérdidas en varias ocasiones y ya a los 43 se niega a seguir intentando. Ni siquiera se van de vacaciones, porque Josh, director de documentales, está obsesionado con un proyecto que le está demandando 10 años y no acepta la ayuda ni de su esposa, que es productora, ni de su suegro, un famoso documentalista que está por recibir un homenaje por su trayectoria.
La pareja se enfrenta con la llegada de un bebé en el hogar de sus mejores amigos, interpretados por Maria Dizzia (Orange Is The New Black)y un excelente Adam Horovitz, mejor conocido como Ad-Rock, miembro de Beastie Boys. Y con esto, surge una creciente inadecuación. No se sienten cómodos entre los nuevos padres y son demasiado grandes para ser una pareja sin hijos.
Es ahí donde entran Jamie y Darby (Adam Driver y Amanda Seyfried), una pareja de veinteañeros, un también documentalista y una artesana de helados, que se interesan por ellos y los invitan a participar de su vida, repleta de actividades espontáneas y fines de semana de espiritualidad y drogas.
Es efectivo pero a la vez demasiado fácil reírse de los hipsters y contraponerlos con su generación anterior. Mientras unos usan su smartphone como apéndice, van al gimnasio, todavía tienen CD y leen en tableta, los otros tienen vinilos, andan en bicicleta, hacen helados artesanales con sabor “palta y leche de almendras”, lee libros destartalados y construyen sus propios muebles. Al mismo tiempo se ve cómo con demasiada rapidez la pareja se aleja de su rutina anticuada para unirse a los jóvenes y cómo Josh comienza a imitar a Jamie –copiándole el sombrero y la bicicleta–, mientras este último también saca rédito de esta desapareja relación.
Pero ahí termina el atractivo de la película. Baumbach decidió incluir en este choque generacional un choque de intereses y su desenlace no resultó exitoso.
Cuando los celos, la ambición y la ética documentalista entra en juego, la película pierde su impulso y se transforma en una más del montón. Su final es también del montón.
Sí, arranca algunas risas y también logra hacer a sus personajes identificables y relacionables, pero eso termina luego de la mitad del filme. En lugar de hacer de su película una oportunidad de hablar más de los cambios sociales, el consumo o la ambición de permanecer siempre jóvenes, cambió de rumbo a medio camino para dedicarse a mostrar los ribetes mezquinos y egoístas de las ansias de éxito. Y eso, en cualquier edad resulta igual.
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