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En los programas de coaching, la presencia física es menos necesaria que en cualquier otro proceso formativo. Sin embargo, si estás pensando en buscar un coach virtual que te entrene en estos momentos deberás tener en cuenta varios factores.

La identificación

Un coach es el encargado de sacar lo mejor de su coachee -persona que entrena- a través de preguntas. Sólo si cuenta con un recorrido profesional amplio podrá plantear las cuestiones adecuadas para que usted mismo descubra de qué puede ser capaz. Un coach no es un consejero, jamás le dirá lo que tiene o no tiene que hacer. Es más, si detecta que lo intenta puede que le ayude, pero eso no es coaching. El objetivo de este proceso es el autoconocimiento a través del entrenamiento. Por eso, es esencial que antes de nada solicites información y referencias de quien querés que te entrene.

La pantalla

En el coaching virtual no hay un punto de encuentro neutral: tu casa y la de tu coach dibujan el escenario, el telón de fondo de lo que ambos ven a través de una pantalla. Dejá a un lado los prejuicios de si es o no un lugar adecuado, basta con que sea un espacio libre de interrupciones. "El primer encuentro es clave para detectar si la relación funciona", asegura Alicia Kaufmann, analytic network coach. Esta experta lleva años haciendo coaching en remoto y asegura que si el coachee pone reparos para participar en un proceso porque es virtual, sólo es una defensa: "Quiero un coach pero no deseo que entre en mi casa y se meta en mis asuntos. El proceso es difícil, pero lo demás es poner barreras para que no suceda".

Como explica María García, socia directora de SmartCulture, "el reto para que funcione es la conexión, ya sea una sesión presencial o virtual. La conexión genera vínculo y relación de confianza entre ambas partes". Javier Martín de la Fuente, CEO de Grupo Persona, insiste en que "la empatía y el entorno de confianza y transparencia deben ser idénticas. El coach tiene que trabajar con más esfuerzo en generar un clima para que el coachee se sienta cómodo; y para ello tiene que reforzar su capacidad de escucha". García aclara las tres las dimensiones que hay que trabajar: "Lenguaje, emociones y cuerpo".

La superación

Para superar el escepticismo inicial del cliente ante el coaching virtual, estos tres coaches coinciden en que, al igual que en el caso presencial, tiene que existir una conversación previa, "para conocernos, explicar en qué consiste esta metodología y para qué sirve", señala García, porque cree que "sigue habiendo confusión y malas experiencias provocadas por coaches no capacitados".

Martín de la Fuente cree que es importante establecer unas reglas claras de relación, "respecto a las no interrupciones y estar en permanente contacto visual". También destaca el CEO de Grupo Persona "la libertad del coachee para dar feedback al coach sobre lo que está reflexionando o pensando acerca de la sesión".

Los intrusos

Identificar a un falso coach es relativamente sencillo. Martín de la Fuente dice que una buena manera de combatir a los intrusos es asegurarse de que tienen la certificación. No obstante, la experiencia y la seniority del coach puede ser lo más relevante: algunos de los más reconocidos en el mercado no disponen de certificación, pero su carrera profesional les avala.

Las tarifas

No existen unas tarifas oficiales, el coach es el que establece el coste de cada sesión que, en principio, no varía si es virtual. El precio de cada sesión de hora y media varía en función del coach, coachee y tipo de proceso. No es lo mismo un coaching para mejorar ciertas habilidades que uno que requiere una transformación completa del coachee. Y, por supuesto, también depende de si el proceso es para un mando intermedio o para un presidente de una gran compañía.

Fuente: Expansión - RIPE

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