Razonable viraje del gobierno
La administración Vázquez se encaminó a la única actitud que corresponde a un gobierno democrático
Después de años de haber soslayado la pavorosa crisis humanitaria e institucional en Venezuela, el
gobierno ha dado finalmente un tardío pero razonable primer paso contra el bochorno continental de la dictadura de
Nicolás Maduro. Al incorporarse a otros 18 países de la Organización de Estados Americanos (OEA) que condenaron la farsa electoral armada por Maduro para el 22 de abril, la administración Vázquez se encaminó a la única actitud que corresponde a un gobierno democrático. Se la reclamaban la oposición, personalidades de otros ámbitos y el sentido común. Pero había vacilado hasta ahora por simpatías con la dictadura dentro del Frente Amplio y por la muerta esperanza de que el arruinado régimen chavista pagara algún día las decenas de millones de dólares que debe por exportaciones uruguayas de lácteos y otros productos.
Con ocho abstenciones y cinco votos en contra, el Consejo Permanente de la OEA aprobó una resolución que le reclama a Maduro que suspenda la votación presidencial de abril y fije un nuevo calendario para elecciones libres, transparentes y creíbles, con participación de todos los partidos y sin políticos proscriptos. Votaron en contra o se abstuvieron los pocos países amigos que le quedan al chavismo, en su mayoría minúsculas islas caribeñas que dependen del suministro de petróleo venezolano.
Dado que Maduro denuesta a la OEA como instrumento del "imperialismo" de Estados Unidos, es improbable que dé marcha atrás en su manotazo para eternizarse en el poder y acepte la decisión del organismo continental. Las elecciones estaban fijadas para diciembre. Pero el chavismo las adelantó a dedo para abril para no darle tiempo a la oposición a organizarse unificadamente para la campaña. Entre otras arbitrariedades, vedó que partidos opositores se registraran para la votación. Ante las maniobras chavistas, la oposición se encamina a boicotear los comicios, dejando el camino expedito para la reelección de Maduro por una minoría de votos, ya que lo rechaza el 80% de una población hambreada, sin libertades y reprimida a sangre y fuego por la estructura armada que lo mantiene en el sillón presidencial.
La crisis ha llegado a tal extremo de gravedad que el gobierno uruguayo, por primera vez desde la llegada del
Frente Amplio al poder, viró de rumbo al decidir que no podía seguir mirando para otro lado. Su decisión tiene el valor de reconocer una realidad que avergüenza al continente, pese a la oposición interna de quienes en la alianza de izquierda siguen apañando a la dictadura venezolana. El vocero más estridente de estos grupos ha sido la senadora Constanza Moreira, líder del sector Casa Grande. Acaba de acusar a su gobierno de una "injerencia inadmisible" en los asuntos internos de Venezuela al votar a favor de la resolución de la OEA, texto que defiende libertades esenciales que han desaparecido en el infortunado país caribeño. Si la senadora Moreira tuviera razón, está equivocado el mundo democrático que condena la tramoya electoral de Maduro, incluyendo los 28 gobiernos de la Unión Europea, de Estados Unidos y de Canadá y de la totalidad de América del Sur menos Bolivia.