Reclamos fundados sin respuesta
El discurso del ministro de Ganadería fue netamente partidario y no respondió los planteos del agro
Los reclamos del agro en el cierre de la Expo Prado estuvieron fundadamente dirigidos contra el error básico del gobierno de hacerle pagar a los contribuyentes su descuidado exceso de gasto público, génesis de todas las dificultades actuales. Hubo menos acrimonia que en años anteriores entre las alocuciones del presidente de la Asociación Rural (ARU), Pablo Zerbino, y del ministro interino del sector Enzo Benech. Hasta coincidieron en elogiar logros como el ingreso a Estados Unidos de la carne ovina con hueso y de los cítricos. Pero mientras Benech se aferró a un discurso de corte netamente partidario, basado en el programa del Frente Amplio y que no respondió a los planteos del agro, Zerbino puso con firmeza los puntos sobre las íes. Su eje central fue la pérdida de competitividad del vital sector agropecuario y de sus actuales apremios por desmedida voracidad recaudatoria e ineficiencias del gobierno.
Enfatizó que en los 10 últimos años se cerraron 502 tambos como consecuencia de la crisis que afecta al sector lechero, cuyo endeudamiento equivale al valor de todas las vacas lecheras del país. Señaló que pese a la alta producción de arroz y soja en la última zafra, productores uruguayos se están yendo a otros países, especialmente Paraguay, donde encuentran la rentabilidad que no existe en Uruguay. Y advirtió que cualquier evento adverso, ya sea climático, sanitario o de mercados, puede asestarle al agro un golpe mortal. Zerbino cargó con razón contra el peso tributario acrecentado este año por el gobierno, tanto en impuestos directos y que se sobreponen como en las tarifas de combustibles y electricidad, esenciales en todas las actividades del sector.
Algunos de los planteos de Zerbino chocan con aspectos de la política económica que no son fáciles de revertir. Es cierto que el tipo de cambio afecta adversamente la competitividad del sector, pero es uno de los elementos que el gobierno utiliza para mantener controlada la inflación. Y es debatible la afirmación de que la pérdida de competitividad recuerda a momentos previos a graves crisis económicas, como la de 2002. Pero es incuestionable la validez de la censura de ARU por el atascamiento de la inserción internacional, consecuencia de la impotencia del gobierno para ampliar tratados comerciales con grandes mercados. Especialmente costoso ha sido el fracaso del anunciado tratado de libre comercio con China, ventaja que tienen competidores nuestros en exportaciones del agro, como Australia y Nueva Zelanda.
La pérdida de competitividad existe y es un grave problema para todos los sectores productivos, por más que el ministro de Economía, Danilo Astori, haya afirmado lo contrario hace pocos días, en una conferencia en Somos Uruguay. La situación combina varios factores. Uno es el cerco que nos impone el desdichado Mercosur para el libre comercio con terceros. Se le agregan en algunos casos las objeciones ideológicas dentro del Frente Amplio en seguir ese curso, como ocurre con el acercamiento a la Alianza del Pacífico que integran Chile, Perú, Colombia y México. Otro es un torrente tributario salido de cauce para solventar gastos sin retorno, como ocurre –entre tantos otros casos– con la educación pública y el descalabro de ASSE en la atención a la salud. Todo ello se inscribe en los reclamos del agro, que reflejan las claudicaciones frenteamplistas en el manejo equilibrado de la economía.