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La preocupación oficial por la pérdida de conectividad aérea tras el cierre de Pluna fue una de las razones para intentar el fallido experimento de Alas Uruguay, condenado al fracaso desde su concepción por su notoria inviabilidad. Pero el gradual aumento de actividad desde entonces indica que, bajo eficiente administración privada, es posible que el aeropuerto de Carrasco cierre 2017 con igual movimiento de pasajeros al que se tenía hace cinco años. Puerta del Sur SA, la empresa argentina a cargo de la terminal, informó que en el primer semestre de este año el número de viajeros que pasaron por el aeropuerto fue 15% superior al de igual período de 2016, año en que ya había aumentado 11% con respecto a 2015. Si ese porcentaje de crecimiento se mantiene, aprovechando el incremento de pasajeros al comienzo de la temporada de verano, se podrá igualar el récord de casi 2.200.000 que entraron o salieron en 2011, último año en que operó Pluna.

Cuando la aerolínea uruguaya cerró, representaba el 54% del total del movimiento en Carrasco. Su desaparición derrumbó el movimiento, que se creyó, con más voluntarismo que ajuste a la realidad, se podría recuperar con Alas Uruguay. Esa empresa le costó a los contribuyentes US$ 15 millones en uno de los muchos préstamos a pérdida realizados por el Fondes, más una suma nunca conocida por otros rubros de gastos. La administración Mujica, que sumó un error tras otro en su manejo de la crisis de Pluna, no tuvo en cuenta en ese momento que era imposible que una aerolínea minúscula y con insuficiente respaldo financiero pudiera competir en un mercado difícil, en el que grandes compañías aéreas se cerraban o fusionaban con otras para seguir subsistiendo.

Pero con el paso de los años la conectividad se fue recuperando lentamente gracias a un manejo más profesional del complejo negocio aéreo. Volvieron algunas de las empresas grandes y otras regionales se instalaron y pasaron a incorporar nuevos destinos, como Córdoba, Florianópolis y otras ciudades del continente. Latam ha ampliado sus vuelos al igual que Amaszonas, en tanto la brasileña Azul está completando los trámites para operar como aerolínea de bandera uruguaya. Ya desde el verano pasado aumentó considerablemente el flujo de viajeros, especialmente de Argentina y en grado menor de Brasil, por impulso de las ventajas cambiarias que siguieron a la caída de los gobiernos populistas en ambos países.

Las compañías aéreas ven actualmente a Carrasco como un centro adecuado de operaciones regionales, gracias al buen funcionamiento del nuevo aeropuerto a cargo de Puertas del Sol. La lenta recuperación del tráfico aéreo es el camino lógico que debió encararse desde el cierre de Pluna en 2012. Pero con la imprevisión que caracterizó a tantos emprendimientos del anterior gobierno del Frente Amplio, se optó en cambio por embarcarse en la aventura estatal, imprevisora y sin futuro, de Alas Uruguay. Lo ocurrido con el aeropuerto de Carrasco es una lección que presumiblemente se habrá aprendido de cómo enfrentar dificultades coyunturales de la forma más eficiente y menos onerosa para el Estado y para los contribuyentes que lo solventan con los impuestos que pagan, en vez de perderse en caminos trazados sobre frágiles esperanzas nebulosas.

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