ver más

Luego de una tormenta intensa viene la reparación de daños el día después. Los causados por la renuncia de Raúl Sendic cubren varias áreas. Sufrió la imagen de sólida estabilidad política del país al tener que dimitir el vicepresidente de la República bajo el peso abrumador de múltiples irregularidades, algunas probadas y otras denunciadas ante la Justicia penal. Se profundizó el desarreglo interno del Frente Amplio por no haber podido cortar por lo sano y evitar el desgaste de largos meses de idas y venidas.

Los llamados a la unidad, desde que el sorpresivo anuncio de Sendic desubicó a su fuerza política y generó caos en el Plenario que iba a juzgarlo, son más una expresión de deseo que una posibilidad firme. Es, de todos modos, un problema interno que atañe exclusivamente a la alianza de izquierda. Mucho más grave es la incertidumbre creada en torno a la gobernabilidad cuando a la administración Vázquez le quedan más de dos años de gestión.

El ya robusto poderío del binomio matrimonial José Mujica-Lucía Topolansky, que lidera el mayoritario sector frenteamplista Movimiento de Participación Popular (MPP), se acrecienta con la ascensión de la senadora a la vicepresidencia. Su efecto augura ayudar al gobierno por un lado pero puede complicarlo por otro.

Topolansky está en condiciones de restablecer un funcionamiento más coherente y disciplinado de la bancada legislativa, incluyendo evitar que el descontento de los parlamentarios del sector de Sendic, por lo que consideran trato injusto a su líder, conduzca a alguna deserción al momento de votar proyectos del Poder Ejecutivo.

Pero el MPP tiene ahora más fuerza para impulsar sus propias ideas en el área económica, en la que no siempre ha coincidido con el presidente Tabaré Vázquez.

Cualquier desacuerdo amenaza tener consecuencias negativas para un país donde los principales indicadores son desparejos, con una economía que camina por la cornisa. El Producto Interno Bruto (PIB) ha retomado un razonable ritmo de crecimiento, estimado en alrededor del 3% para este año, en tanto la inflación está bajo control. Las exportaciones mejoran modestamente pese a que la inserción internacional sigue restringida por las trabas que impone el estancado Mercosur. Pero persiste la suba del desempleo y han fracasado hasta ahora los intentos de bajar un déficit fiscal cercano al 4% del PIB por exceso de gasto público y pese a una seguidilla de ajustes fiscales, lo que pone en riesgo preservar el vital grado inversor. Esto, a su vez, puede afectar la inversión externa, al margen de que se concrete la instalación de la nueva planta de celulosa de UPM.

Esta situación impone al gobierno y a su Frente Amplio, así como en buena parte a los partidos opositores, la obligación de anteponer las necesidades del país a sus propias conveniencias o a sus cálculos electorales. Si todos lo hacen, facilitarán dejar atrás los efectos de la crisis generada por las oleadas del caso Sendic y ayudarán a restablecer un clima de estabilidad que es esencial para que el país avance.

Temas:

Opinión

Seguí leyendo