Cientos de miles de personas tomaron las calles de unas 150 ciudades de Brasil y exigieron la salida de la presidenta Dilma Rousseff. Están hartos de la triple crisis: económica, política e institucional, que sacude al país.

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La de ayer fue la tercera gran protesta contra el gobierno en seis meses. En apariencia, congregó a menos personas que las anteriores (entre uno y tres millones en marzo, 600.000 en abril), pero su mensaje fue más contundente. A diferencia de lo que aconteció en ocasiones anteriores, ahora se escuchó con claridad el pedido de renuncia de la mandataria.

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"Es una protesta diferente porque en este caso la insatisfacción está más consolidada", consideró en diálogo con El Observador David Fleischer, profesor de política de la Universidad de Brasilia y editor del semanario Brazil Focus.

Las manifestaciones comenzaron de mañana y se sucedieron en unas 150 ciudades. En total haparticiparon 500.000 personas, según distintas estimaciones, pero el número no está claro. Para DataFolha, en San Pablo se congregaron 135.000 ciudadanos y en el resto del país unos 350.000. Aunque las organizaciones convocantes afirman que en esos lugares reunieron a más de 400.000 personas.

En todos los casos predominaban las personas ataviadas con la camiseta de la selección brasilea de fútbol y con carteles que pedían la partida del gobernante Partido de los Trabajadores y de la mandataria. Muchas pancartas exigían el fin de la corrupción, a raíz del escándalo de sobornos que costó al menos US$ 2.000 millones a la petrolera estatal Petrobras.

Una diferencia con las protestas anteriores es que en esta participó el excandidato presidencial, y líder del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), Aécio Neves, que hasta ahora no se había involucrado en las manifestaciones. Neves exigió ayer en Belo Horizonte que se profundicen las investigaciones judiciales. Se sospecha que el dinero que se desvió desde Petrobras acabó por financiar parte de la campaña para la reelección de Rousseff, que ganó en 2014 por tres puntos porcentuales. "Los tribunales de cuentas y electorales tienen que funcionar, así como lo hace el Ministerio Público, porque sólo así tendremos una democracia sólida, en la que todos deberán cumplir las leyes, incluido el presidente de la República", declaró Neves aclamado por los manifestantes.

También se sumaron a la multitud de manifestantes los políticos del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que integra la coalición de gobierno y lidera el vicepresidente Michel Temer. Esto muestra el grado de descomposición de la base de apoyo a Rousseff. Uno de ellos fue el diputado Jarbas Vasconcelos, influyente líder del PMDB en el noreste del país, quien dijo a periodistas que ante el malestar demostrado por la población "lo mejor sería la renuncia de Rousseff", pues "el país vive una parálisis general".

Lula también

Las protestas tuvieron, asimismo, como blanco al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, fundador del PT, antecesor y padrino político de Rousseff, a quien los manifestantes representaron con enormes muñecos que vestían trajes a rayas de presidiario y tildaron en sus pancartas de "jefe" de la corrupción en Petrobras.

La reacción del PT fue un acto de "solidaridad" con Lula y Rousseff, que tuvo lugar frente al instituto que el expresidente dirige en Sao Paulo. Ahí se congregaron cerca de mil personas.

En el gobierno, que esta semana acusó a los sectores que exigen la destitución de Rousseff de orquestar "un golpe", hubo silencio. Pero trascendió que la mandataria reunió a algunos de sus ministros más cercanos para realizar una evaluación de la delicada situación. Hasta ahora, la presidenta reiteró que no se irá. "No voy a caer", declaró hace poco.

Este jueves, el PT y los movimientos sociales que apoyan al gobierno tendrán su oportunidad. En todo el país habrá actos "en defensa de la democracia" y "contra el golpe".

"Es una historia sin final y veremos más de esto"

Gran parte del descontento de los brasileños tiene sus raíces en el Lava Jato, la mayor investigación por corrupción conducida por la Policía Federal. Involucra a la estatal Petrobras y a políticos del gobernante Partido de los Trabajadores. A medida que avanzan las pesquisas, más políticos son involucrados y la decepción del electorado es mayor.

En diálogo con El Observador, el analista David Fleischer, estadounidense pero radicado en Brasil, auguró que habrá más instancias como esta y consideró que la protesta de ayer revela que la insatisfacción "está más consolidada".

"El lava jato puede continuar e involucrar a más personas, y puede haber nuevas protestas en setiembre y octubre. Es una historia sin final y veremos más escenas como esta, sobre todo si las investigaciones revelan más corrupción", indicó.

El especialista destacó la participación del opositor Aécio Neves y de parte del fragmentado PMDB, que integra la coalición de gobierno. Señaló, asimismo, el fracaso del PT en sus contramanifestaciones en pocas ciudades del país.

De todos modos, Fleischer destacó que es difícil que en el corto plazo se dé lo que exigen los manifestantes, que es la renuncia de la presidenta o que se la incluya en un proceso judicial.

"Para eso se necesita que Dilma esté involucrada en algo ilegal y por ahora no hay pruebas de eso. Si descubren más, entonces sí pueden dejarla en la puerta. En octubre o noviembre tal vez haya una razón para eso", consideró.

"Otro escenario sería que el Tribunal Superior Electoral encontrara que se usaron fondos ilícitos para financiar su campaña a la Presidencia. En ese caso habría remociones en todo el país", agregó el politólogo.

Según su experiencia, dentro de dos semanas podría haber avances públicos en alguna de las dos causas que mantienen en vilo al país.
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