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La más simple y lógica es que los violentos puedan ser identificados y se los separe del espectáculo público porque son los que verdaderamente han cambiado el clima para las familias y para los que amamos el deporte. Yo no tengo ningún plan, pero pienso que es una tarea que se tienen que realizar entre todos los actores que tenemos que ver con el deporte y hay que ver cómo se instrumenta. Lo estamos planteando en la discusión que está sobre la mesa. Primero tenemos que ponernos de acuerdo en que los violentos queden afuera y después entre todos hay que discutir la materialización. Yo creo que hay que caminar en el sentido de la infraestructura y la tecnología por ejemplo las entradas con código de barras. Hay cosas en el mundo de hoy que ya no son tan difíciles como eran hace unos años y tenemos que dar el paso de que los ingresos sean electrónicos y que quede registrado quién lo compra. Hay que mirar en el mundo lo que se ha hecho porque hay cosas que no hay que inventarlas, hay que copiarlas, pero hay que tener en cuenta que las realidades son diferentes, ni Inglaterra ni Chile son Uruguay, y la situación del fútbol también es otra.

Uruguay fue siempre muy democrático y puede haber algunos temores de decirle a alguien “no puede entrar”, en un país chico en el que nos conocemos todos.

Yo creo que hay voluntad de parte de los clubes, como bien decía el presidente de la AUF Sebastián Bauzá, hasta para el negocio del espectáculo deportivo se venden menos entradas porque hay gente que ha dejado de ir porque se siente insegura. Todos debemos estar deseando que ese clima mejore. Conversando, hablando, trabajando, se puede. Los dirigentes de los clubes son gente de los barrios, de familias deportivas.

Por otro lado, la ley de faltas sería una herramienta muy importante, estoy convencida. Es decir cosas que no llegar a ser graves para ser juzgadas penalmente pero que si puede tener sanciones que sean educativas, como tareas comunitarias, como hay en muchas partes del mundo y es formador.
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