Scioli se siente ganador y ya se muestra como presidente electo
El candidato oficialista se reúne con mandatarios y anuncia los funcionarios para su gestión
Ya en la recta final de la campaña electoral,
Daniel Scioli parece haber sido el candidato que encontró la mejor estrategia de comunicación: mientras sus rivales polemizan entre sí respecto de quién es el que representa mejor el "voto útil", él empezó a mostrarse como si fuera un presidente ya electo.
Los últimos días han sido pródigos en ese tipo de gestos. Desde su gira latinoamericana, que incluyó encuentros con los presidentes de Uruguay, Tabaré Vázquez, y de Brasil, Dilma Rousseff, hasta el anuncio de medidas y de nombramientos de funcionarios, todo ha sido diseñado, desde el comité de campaña sciolista, para mostrar la elección como algo ya definido.
Por cierto que la situación dista de ser real, porque las encuestas señalan que todavía hay buenas chances de que se produzca una balotaje el 22 de noviembre, a disputarse entre Scioli y el líder del PRO, Mauricio Macri. La primera vuelta se desarrollará el domingo 25 de octubre.
Si bien es cierto que Macri encontró un techo en la intención de voto y que Scioli ya le saca 10 puntos de diferencia, todavía no está claro que Scioli pueda llegar a la "cifra mágica" del 40%. Ese es el piso que el sistema electoral argentino exige para que el ganador pueda ser proclamado presidente en la primera vuelta.
Daniel Scioli parece haber sido el candidato que encontró la mejor estrategia de comunicación y se muestra como si fuera el presidente electo.
Pero, aunque los números muestren ese panorama todavía peleado, lo cierto es que cualquier observador recién llegado al país podría afirmar que la elección está resuelta: Macri nunca pudo recuperarse del golpe que significó la denuncia por corrupción que manchó a miembros de su partido y de su administración municipal.
De hecho, ha debido dedicar sus mayores esfuerzos no tanto a atacar las políticas del kirchnerismo, que era lo previsto, sino a tratar de mantener la unidad de su coalición. Todos los días aparecen declaraciones de dirigentes de la Unión Cívica Radical o de sectores de extracción socialdemócrata que cuestionan algún aspecto de la gestión macrista. En ese marco, el candidato ha sufrido una fuga de votos que le permitió una recuperación al tercero en discordia, Sergio Massa.
Este alega ser el verdadero representante del "voto útil", dado que los sondeos indican que, si hubiera un balotaje, él tiene mayores chances que Macri de ganarle a Scioli.
Incombustible
Lo cierto es que, mientras la oposición sufre estos resquebrajamientos, Scioli ha confirmado, una vez más, su fama de "incombustible". En los últimos meses ha sufrido una serie de reveses que a otro candidato le podrían haber significado un golpe ilevantable, y sin embargo ninguno de ellos parece haber hecho mella en su intención de voto.
Hoy las principales empresas consultoras le asignan entre un 38% y un 40%, es decir prácticamente el mismo resultado obtenido en las primarias de agosto.
En ese período, Scioli sufrió la inundación de la provincia de
Buenos Aires, incluyendo el episodio de su controversial viaje de descanso a Italia justo en el peor momento de la catástrofe. Antes, había debido hacer frente a las denuncias contra Aníbal Fernández, su candidato a gobernador de la provincia, por vínculos con la mafia de la droga. Luego, la escandalosa elección en Tucumán, que incluyó quemas de urnas, denuncias de fraude y represión policial. Y, como ruido de fondo de todo esto, problemas en la economía, con empresas que suspenden personal y nuevas escapadas del dólar en el mercado paralelo.
Sin embargo, la oposición no fue capaz de sacar partido de estos sucesos. Y Scioli, más allá de la incomodidad política de estos sucesos, no tuvo fugas de votantes hacia otros candidatos.
Al día de hoy, hasta se percibe cierta resignación en filas opositoras respecto de la inutilidad de criticar a alguien que parece blindado contra los escándalos. Los politólogos suelen decir, mitad en broma y mitad en serio, que Scioli está obligando a reescribir todos los manuales de ciencia política y de estrategia de campaña electoral.
El favoritismo de Scioli se vio con claridad en el más importante foro empresarial, el Coloquio de IDEA, que se realiza cada año en Mar del Plata, y que en los últimos años se constituyó en uno de los ámbitos más críticos del kirchnerismo.
Scioli se presentó en el Coloquio y esa audiencia, que durante todos estos años ha fustigado las políticas económicas por intervencionistas y contrarias a la apertura económica, desbordó las instalaciones para escuchar al candidato.
Y nuevamente, en una demostración de su habilidad para el manejo de la ambigüedad, Scioli logró que lo aplaudieran. Habló sobre la necesidad de "reglas claras" y anticipó un "excelente clima de negocios". Dos expresiones que constituyen un reconocimiento tácito de errores en la economía kirchnerista. Unas pocas horas antes, Scioli había estado junto a la presidenta
Cristina Fernández en un acto en el cual se habían ensalzado las políticas proteccionistas como herramienta fundamental para fomentar la industria.
Silvina Batakis, la ministra de Economía
Parte fundamental de la estrategia sciolista ha consistido, durante las últimas semanas, en el anuncio de funcionarios que ocuparán áreas estratégicas en su eventual gobierno. Lo ha hecho de manera dosificada, mencionando a un funcionario por día, a veces anunciándolo a título personal y otras filtrando información a la prensa oficialista.
De esta manera, consiguió marcar la agenda del final de la campaña, logrando que cada "nombramiento" constituyera un hecho político y atrajera la atención mediática.
El pasado jueves realizó el anuncio más esperado, el de quién ocupará el estratégico Ministerio de Economía. La persona designada fue Silvina Batakis, que actualmente ocupa el Ministerio de Economía de la provincia de Buenos Aires. De manera que el tema del cual se discute en el mercado por estas horas es qué tipo de políticas pueden esperarse con esta funcionaria, que tiene entre sus logros haber puesto en caja las finanzas provinciales, incluyendo la consecución de crédito externo.
Batakis ha demostrado no tener mano blanda a la hora de realizar ajustes. En el momento en que la provincia sufría el ahogo financiero al que la sometía el gobierno central, impulsó una suba de impuestos y un recorte en el gasto público, particularmente en el rubro de la asistencia social.