Ante las rapiñas que no logran ser abatidas, el rosario de asesinatos que suelen tener como víctimas a trabajadores y una sensación de inseguridad pública que no cesa, el gobierno de Tabaré Vázquez se balancea entre la necesidad de cerrar el puño con mayor firmeza frente a la delincuencia, pero sin dañar los principios de la izquierda que no admiten la "inflación penal" para combatir las causas de la violencia callejera.
Seguridad: el Frente Amplio deberá resolver si endurece la mano
Vázquez promete "cambio de rumbo" pero en la izquierda están alertas