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Llorar, llorar; rojo, rojo; silencio, silencio; divertido, divertido”. Parece un poema del dadaísta Tristán Tzara, pero es la creación de un chimpancé. El matrimonio de Deborah y Roger Fouts ha dedicado su vida a combatir la idea de que el lenguaje es el “último bastión” de la singularidad humana. Tras más de 40 años de trabajo, sus chimpancés no solo han aprendido a comunicarse por signos, sino a mentir y hacer poesía.

Esta pareja de psicólogos de la Universidad Central de Washington se jubilará dentro de pocos meses sabiendo que han podido refutar a muchos científicos –entre ellos al lingüista Noam Chomsky–, que durante décadas negaban esta posibilidad comunicativa.

Los Fouts fueron continuadores de los trabajos iniciados en los años sesenta por otro matrimonio, los también psicólogos Allen y Beatrice Gardner, a quienes la NASA cedió la chimpancé Washoe después que la agencia espacial abandonara su investigación con “chimponautas”.

Washoe fue introducida en un ambiente humano donde sólo se hablaba el lenguaje de los sordomudos. Los Gardner y su equipo, donde Roger era becario, creían que la vocalización de los chimpancés era involuntaria, como el sonido que hace un humano si se golpea. Entonces apostaron por aprovechar el movimiento natural de sus manos y criaron a Washoe como una niña sorda.

La primate aprendió más de un centenar de signos viendo cómo se comunicaba el equipo y así podía pedir comida o que le rascasen, así como expresar conceptos complicados como “estoy triste” o incluso pedir perdón.

Con los años, Washoe se mudó a Washington con Roger, donde él y Deborah siguieron investigando, hasta la muerte de la chimpancé en 2007. En ese período, el matrimonio pudo ver cómo Washoe trasladó el lenguaje a su “familia”, Tatu, Dar y Loulis, una cría que aprendió los signos sin intervención humana.

“Hablan como una familia. Si unos discuten, se intenta poner paz. Cuando Loulis le quitaba una revista a Washoe, ella le maldecía y le decía: ‘Sucio’”, explicó Deborah, quien indicó que los primates también saben usar los signos para mentir.

Así se ve en una grabación en la que Dar hizo creer a Washoe que Loulis le había pegado y se tiró al suelo señalándole y pidiendo con signos a su madre un “abrazo”. Y se salió con la suya, porque ésta terminó rezongando al supuesto agresor.

Igual de sorprendentes son las composiciones poéticas que lograron armar. “Hay evidencias de que son capaces de aprender los signos, de ordenarlos y conversar, tienen una sintaxis, incluso son capaces de inventar y transmitirlos”, destacó Roger. Aunque se jubilarán de su trabajo en la universidad para dedicarse a sus cinco nietos a los que ven poco, reconocen que seguirán yendo a ver a sus otros “nietos” chimpancés.

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