27 de octubre de 2023 9:11 hs

Robert Card es el hombre más buscado de los Estados Unidos. Tiene 40 años, sirvió en el Ejército durante más de una década, recibió condecoraciones y fue un hábil instructor de tiro, lo cual le sirvió para valerse de un fusil con mira telescópica y realizar dos masacres consecutivas el pasado miércoles en la ciudad de Lewiston, en el Estado de Maine, en el extremo noreste del país.

Las autoridades policiales del Estado, más decenas de miembros del FBI, lo buscan por tierra, con helicópteros y lanchas. Sin embargo, Card logró hasta el momento eludir la búsqueda tras abandonar en una ruta la camioneta que manejaba con la cual se acercó a dos lugares públicos, un club donde había una celebración y un bar de billares y juegos de dardos. Ambos lugares que frecuentaba. 

Lewiston tiene unos 40.000 habitantes, es la segunda ciudad de Maine y está todavía con colegios cerrados y muchas personas que no salen de sus casas por recomendación policial.

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De los 18 muertos hay varios aún sin identificar, por, según explicó la funcionaria municipal Angelynne Amores, “las dificultades derivadas de la naturaleza y el alcance del ataque”. Amores dijo que el tipo de fusil que Card empleó es conocido por el daño devastador que provoca en los tejidos de quienes reciben sus balazos.

Los heridos en la masacre fueron trasladados al hospital del centro de Lewiston, cuyo acceso a los curiosos estuvo impidiendo la Policía durante toda la jornada del jueves. Tres de las víctimas no sobrevivieron a esa noche.

Card estuvo internado durante dos semanas en tratamiento psiquiátrico hace unos meses y salió bajo supervisión médica del hospital. Es reservista del Ejército con rango de sargento de primera clase. Estaba entre los mejores tiradores de su unidad según sus propios colegas. Se incorporó en diciembre de 2002 y no participó en ningún combate, según su expediente, aunque recibió varias condecoraciones militares, entre ellas la Medalla al Mérito del Ejército, dos medallas al Mérito del Componente de Reserva del Ejército, la Medalla al Servicio Humanitario, la Medalla al Servicio de Defensa Nacional y la Cinta de Servicio del Ejército.

De su vida personal, las autoridades dijeron que tenía un hijo y una relación (que había terminado recientemente) con una mujer a la que no identificaron. Juntos frecuentaban el club de bowling y el bar donde Card hizo cometió sus masacres.

Además, había sido echado de su último trabajo en una planta de reciclaje de residuos. En abril había abierto una cuenta de Twitter en la que mostraba simpatía por algunos destacados miembros de la derecha norteamericana, el congresista Kevin McCarthy, el locutor Tucker Carlson y el ensayista canadiense Jordan B. Peterson.

Aunque no está confirmado, habría dejado una nota de despedida a su hijo, cuyo contenido no trascendió.

Maine es un estado con baja densidad de población, y donde abundan los cazadores, por lo cual es fácil comprar un arma. Es legal portarlas en público y no se requieren exámenes previos para que alguien pueda hacerse con una, incluso si es un rifle de asalto de estilo militar como el que usó Card.

Este militar de reserva no contaba con un historial de problemas de salud mental o de violencia de género. Tampoco con lo que en Estados Unidos se conoce como una red flag law (ley de bandera roja), que permitiría el retiro del permiso de armas a quien las autoridades consideren que pueda representar un peligro para sus vecinos.

En una conferencia de prensa celebrada en el Ayuntamiento el jueves por la tarde, el congresista demócrata por Maine Jared Golden, cuyo distrito incluye Lewiston, entonó un mea culpa por todo eso.

Golden fue uno de los cinco miembros de su partido que el año pasado se opusieron a una ley diseñada para prohibir los rifles de estilo militar, que concursan en la mayoría de los tiroteos masivos.

Ya son 565 desde principios de año, según Gun Violence Archive, organización que lleva las cuentas de la violencia armada en Estados Unidos, las víctimas fatales por tiroteos. A esa cifra habría que agregar los cinco muertos encontrados en Carolina del Norte.

“Llegó el momento de asumir la responsabilidad de este fracaso, por lo que ahora pido al Congreso que prohíba los rifles de asalto”, dijo Golden. “Pido perdón y apoyo”. Al filo de la medianoche, las autoridades ordenaron otro día más de cierre de los colegios de la zona e insistieron en la advertencia de las autoridades: “Refúgiense en sus casas, un asesino anda aún suelto”.

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