"Hay que plantar”, dijo enfáticamente a El Observador el presidente José Mujica esta semana. Se refería a la yerba cuyo precio se ha ido por las nubes. Es que resulta paradójico que un país tan matero y con tan amplios y cultivables campos como Uruguay, no cuente con una producción industrial de yerba mate. La cuestión volvió a plantearse esta semana con la previsión de los importadores de que el producto alcance los $ 150 el kilo a fin de año, cuando hoy ya está en $ 114 con un aumento de 46% en los últimos 12 meses. Para el fenómeno hay explicaciones de mercado, de sabor y de clima –dos ítems que Brasil asegura–, aunque alguno se animó a decir que también es un problema de falta de ganas e imaginación de los uruguayos.
Sin espacio para el oro verde
El precio de la yerba mate, que es importada, se disparó en el último mes y medio; la pregunta volvió a escucharse: ¿en Uruguay es posible plantar?