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Hace cuarenta años se creaba Dicose en Uruguay, y léame hasta el final para creerme que fue uno de los cambios tecnológicos más importantes de la ganadería del país y que hasta el día de hoy seguimos gozando de sus beneficios. Aunque nos quejemos de la lentitud o lo cretácico de su funcionamiento, con el Dicose nació el entendimiento de la ganadería y el inicio de la gestión de esta actividad, en un sentido empresarial puro. En definitiva, se estableció un sistema que llevó al país a la avanzada ganadera.

Dicose, en referencia al organismo responsable, la División de Contralor de Semovientes, fue creada por la ley 16.736, decreto 700/973 de 8 de agosto de 1973, y tenía como misión el control de las existencias y de movimientos de animales. Involucraba también el control de la propiedad de la tierra y todas las actividades sobre ella, sea en tenencia o arrendamiento, y además el uso del suelo (campo natural, mejoras, etcétera).

El sistema incluía una declaración jurada anual, con ejercicio Julio-Junio, y el control de flujos de las haciendas en todo el territorio, con altas y bajas, la emisión de las Guías de Propiedad y Tránsito, y registro de los movimientos internos del establecimiento. A esto se sumaban códigos de identidad únicos para cada establecimiento (el número DICOSE). Estaban obligados a inscribirse los propietarios de ganado con y sin campo, los propietarios de campo con y sin ganado, los que intervienen en la intermediación de ganado, y los que estaban al final del ciclo.

¿Cuáles fueron los cambios para el productor y el país? El productor comenzó a incorporar una de las principales actividades de la gestión, hasta entonces no muy extendida: registrar. Las cabezas al inicio y al final del ejercicio, las entradas al stock (nacimientos, compras, pastoreo), las salidas (ventas, muertes), los cambios de categoría, y los movimientos territoriales del ganado. Y a partir de esto, realizar declaraciones juradas anuales. Ahí comienza una etapa de educación del productor en el valor, el hábito, y la relevancia de los registros para una empresa. Ese fue un cambio tecnológico en el proceso ganadero de enrome significado y que no hemos reparado con detenimiento.

¿Y cuáles fueron los beneficios? A la empresa ganadera fue un sistema que la ayudó al ordenamiento (registro, contralor), construcción de datos y series (la mayoría de los productores no llevaban registros, ni inventarios, ni cabezas, ni movimientos). A nivel agregado del país, el censo era la forma predominante de relevar el stock y generar las bases de datos, tarea que se realizaba cada diez años. Ahora se pasaba a recuentos anuales y estimaciones de flujos mensuales! Con la información nacional, empezaron a generarse todos los coeficientes técnicos de Uruguay que tanto hemos manejado, el análisis y proyecciones del negocio ganadero. Hoy seguimos hablando de ciclo ganadero, ¿con que datos piensa Ud que se hicieron estos análisis?

El beneficio más redituables en la historia que nos dio el Dicose: la trazabilidad grupal del ganado. Fue un sistema casi único en el mundo que le dio al país una potencia enorme en el acceso a mercados. ¿Cuánto del acceso, en términos de cantidad de países, o de rapidez para reinsertarnos, como a la Unión Europea o los Estados Unidos, se debió a la existencia de este sistema fiable y robusto? Creo que muchísimo, y me atrevo a decir que le permitió al país captar millones de dólares en años donde el mercado global tenía otra estructura y donde no existían las tecnologías, a bajo costo, de registro individual del ganado. Claramente una avanzada del actual sistema de trazabilidad individual que se implementó hace unos años. Sirvió también para el control del contrabando -un grave problema de la época-, del abigeato, para el control sanitario, para la gestión de la industria frigorífica. Para los conflictos judiciales y los litigios. Y ni que hablar para el sistema financiero, donde también hemos usado el Dicose hasta el cansancio.

Tan adelantado fue el sistema, que su inicio se hizo en las primeras computadoras de gran porte que llegaron al país (eran tres grandes mastodontes por aquella época), se digitalizaban las declaraciones, las guías de cada productor, se hacia una ficha propia de cada uno, y se construían algoritmos para procesar la información.

Cuando surgió el Dicose fue visto como algo dramático, una invasión a la privacidad, que asomaba en un momento aciago del país –llevado adelante por los militares– y con objetivos fiscalizadores (que lo eran). Pero lo interesante es que se expandió más allá de sus objetivos, resultó en uno de los cambios tecnológicos más trascendentes, y otorgó al país beneficios mayores, quizás, de los imaginados. Esto no fue solo una idea, una obligación. Fueron cuarenta años de trabajo y dedicación de los productores. Es un caso a tener en cuenta cuando hablamos de control, del rol estatal, de cómo construimos bienes publico-privados que sean capaces de impulsarnos a la vanguardia.
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