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El jueves 30 de abril se prendieron todas las luces de alerta: el mercado de hacienda disponible en EEUU se derrumbó 7% en un día. Desde entonces ha habido una recuperación, pero absolutamente mínima a la luz de la caída mencionada.

Debemos tomar en cuenta que, en el contexto de la caída general de los precios de las commodities, la carne ha venido defendiéndose bastante bien, dentro de todo, siendo que todos veíamos que EEUU era uno de los “bright spots” (pocos lugares donde los precios se mantenían). Naturalmente antes de comenzar a bajar, los precios tienen que dejar de subir. Parece una perogrullada, pero no lo es. Este fuerte e inesperado quiebre del mercado deja abierto el camino a una caída mayor de los precios que, obviamente, arrastrará a otras carnes si se diera.

Con todo esto como introducción, no puedo dejar de pensar en los ciclos de los precios de las commodities: cada vez que todo el mundo parece concordar que los precios –especialmente los de los alimentos– van a subir en forma constante y definitiva, aparece una súper cosecha o el petróleo o lo que sea y los precios bajan.

Será por eso que es tan importante basar la competitividad en una sólida plataforma de calidad, de regularidad en el abastecimiento, de sanidad/inocuidad, de trazabilidad, etcétera.

De esta forma, cuando los precios caen uno se asegura por lo menos de no perder demanda. El precio es otro tema, es el precio del día, ayer, hoy y mañana.

Allí está el desafío: ¿Argentina volverá a los mercados? Es probable. Pero no se ha hecho nada para mejorar la competitividad de la cadena. Uruguay lleva una gran ventaja si da una vuelta de tuerca rápida en cuanto a generar un premio al productor por la calidad de la carcasa.

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