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Los números que tuercen la balanza

Los cambios en las pistas de calificación de la Expo Prado son cada vez más notorios: mejoras en la calidad y eficiencia reproductiva y por el uso de herramientas que en algunos casos definen campeonatos. Se percibió en las razas de carne, en especial en Hereford y Angus, donde la genética se juega en toda su expresión y se recurre a la apreciación visual en la pista y los DEP. Se vio a un jurado que tenía pronta su decisión, pero antes de emitir su veredicto consultó al catálogo que contenía todos los datos genéticos. Luego de la consulta, el jurado iba seguro al ejemplar que obtenía su premiación. El campeonato se juega no solo en lo que se ve en la pista, sino también en toda la potencialidad productiva que se observa en la exposición, donde hay animales bien preparados y profesionalismo en el despliegue. Dos expertos extranjeros nos ubicaron en la verdadera dimensión de la ganadería uruguaya: en Angus la muestra se ubica entre las mejores del mundo, comentó un argentino, y en Hereford, los campeones ganarían en el mundo, según Kyle Colyer, jurado estadounidense.

La ganadería lechera apunta a la eficiencia

Vacas cada vez más eficientes, con una genética productora de más proteína y grasa en la leche se apreciaron en las pistas de calificación de Holando, Normando y Jersey. En el Holando, sobresalió el doblete de Sociedad Ganadera San Alberto, pues la familia González se llevó las cocardas de Gran Campeón en hembras y machos. El concurso de producción lo ganó una vaca de La Muesca, de Jorcín: produjo 55,9 kilos en los dos ordeñes del día para un pago de $ 274,12 (con 3,18% de grasa y 2,74% de proteína). El Normando pasó a ser la segunda raza lechera en volumen en la Expo Prado. El jurado colombiano premió como los más próximos al estándar a una vaca de La Prenda Chica, de Chiarino, y a un toro de La Victoria, de Cortela. El concurso de producción lo ganó La Esperanza, de Barcena. En Jersey se notó un achique, mas solo ocurrió en cantidad: no hubo animales en el concurso de producción y hubo pocos en la morfología, pero todos de óptima calidad, capturando la cocarda de Gran Campeona Las Rosas, de D’Arenberg, siendo el Gran Campeón de Rodolfo y Víctor Hugo.

El valor de la genética y de la eficiencia

Una docena de razas ovinas desfiló por las pistas de la Rural en el Prado con lo mejor de la genética nacional en busca de los máximos lauros. Los animales, celosamente preparados por los cabañeros durante todo el año, maravillaron no solo a los niños que los vieron desde la periferia con ojos asombrados. Los jurados extranjeros fueron los que coincidieron en varias razas que hubo ejemplares que pueden competir con éxito en cualquier parte del mundo. Pero más allá del valor genético, que el gran público no llega a comprender cuando ve los animales, el espectáculo de la Expo Prado lo hacen las hinchadas en las tribunas, compuestas por las familias que llegan especialmente para acompañar el esfuerzo de sus padres y tíos, hermanos y primos. Si obtienen un premio, celebran a la vista de todos como si fuera un cumpleaños. Si pierden, la fiesta se termina de manera abrupta y se vive la frustración en la intimidad. Hasta que, con la ayuda que da el paso de las horas, se comprende que la competencia en el Prado es parte de la vida y que ya hay que empezar a prepararse para volver el año próximo.

La atracción de los caballos

Caballos lindos de ver, expresivos, pero sobre todo funcionales, aptos para ser eficientes en el trabajo de campo y en los deportes, y a la vez óptimos para que cualquier integrante de la familia pueda dar un buen paseo. Ese es el Criollo que hoy busca producir el cabañero de la raza, que se vio en las pistas de la Rural del Prado y que el jurado, Enrique Castells, premió, consagrando como dueños de las cocardas de Gran Campeón a un macho y a una hembra de la cabaña La Constancia. La Expo Prado, tanto en la morfología como en las pruebas de función de la raza, las locales y las internacionales en la credenciadora del Freno de Oro, permitió apreciar a la raza nacional, que es Patrimonio cultural intangible de Uruguay, en sostenida evolución. En Cuarto de Milla se comprobó que la demostración de ejemplares fue una fiesta para los expositores y una satisfacción porque la jurado estadounidense Cindy Chilton-Moore destacó el nivel alcanzado en Uruguay. Los Árabes dieron el gran show que acostumbran, con la particular elegancia de sus líneas morfológicas, impresionando a los jurados brasileños.
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