Desde que en noviembre de 1963 despegó su primer predecesor, mucho menos sofisticado, por supuesto, han volado al espacio más de ocho centenares de artefactos de este tipo, entre tripulados y automáticos.
Desde que en noviembre de 1963 despegó su primer predecesor, mucho menos sofisticado, por supuesto, han volado al espacio más de ocho centenares de artefactos de este tipo, entre tripulados y automáticos.
Diseñadores y astronautas rusos y extranjeros aseguran que sigue siendo "el cohete más perfecto y esbelto de todos los tiempos".
El R-7 fue el primer misil balístico intercontinental de la URSS, luego, en 1957, se convirtió en el portador del Sputnik, primer satélite artificial, y en 1961 catapultó Yuri Gagarin, el pionero del Espacio.
Sumando todas las modificaciones, la gran seguridad del cohete se basa en la experiencia de más de 1.500 lanzamientos exitosos.
Por su forma, la nave recuerda a un peón de ajedrez, pero de tres metros de diámetro y 46 de altura, que se apoya sobre cuatro propulsores laterales, de 20 metros de altura y 2,7 metros de diámetro.
Su esfera superior alberga el módulo orbital, donde se encuentra el baño, la "cantina" y también la escotilla de acoplamiento.
Esta es la única parte de la nave y del cohete que vuelve a la Tierra.
Le sigue el cilindro del módulo de servicio, que en el espacio despliega las alas de dos paneles solares y que guarda los sistemas de propulsión, enfriamiento y las baterías.
En 1983 salvaron la vida a Guerman Titov y Guennadi Strekálov.
Al detectar un incendio durante la cuenta atrás del cohete, el sistema de seguridad disparó estos propulsores que catapultaron la nave a tres kilómetros, altura suficiente para el sistema de paracaídas.
El primero ocurrió el 24 de abril de 1967 y costó la vida a Vladímir Komarov a bordo de la Soyuz-1, a causa de un fallo de paracaídas.
La despresurización accidental del módulo de descenso provocó la muerte de Gueorgui Dobrovolski, Vladislav Vólkov y Víctor Patsáiev, la tripulación de la nave Soyuz-11.
(EFE)