Fundada en un año en el que, supongo, para el frenteamplismo nada existía, como lo fuera 1978, esta fundación viene desde entonces silenciosamente sirviendo a un núcleo duro de la tristeza: el de personas que adolecen de enfermedades y condiciones irreversibles, imposibles de enfrentar por familias de menguados recursos, abandonadas al olvido por una sociedad cuya reserva de compasión, tiempo o atención mengua de la mano de su inevitable modernidad.
Stalin visita Salto
Nada retrata mejor al régimen frenteamplista como lo que viene de ocurrir con Aldeas de la Bondad