"¿Sabés lo que sos vos? ¡sos un vagoneta!”, le respondió Tabaré Vázquez a un hombre que, mientras pisaba el mismo barro que él en los cantegriles de Casavalle, lo increpó por diversos asuntos que se contarán más adelante en esta crónica.
"¿Sabés lo que sos vos? ¡sos un vagoneta!”, le respondió Tabaré Vázquez a un hombre que, mientras pisaba el mismo barro que él en los cantegriles de Casavalle, lo increpó por diversos asuntos que se contarán más adelante en esta crónica.
Pero ese encuentro cercano, así como los abrazos y besos que repartió a mujeres, hombres y niños, y las referencias a sus primeras batallas políticas demuestran que el candidato del Frente Amplio quiere transmitir que -más allá del paso de los años-sigue siendo aquel que recorrió decenas de veces el país para hablar mano a mano con la gente y que llevó por primera vez a la izquierda al poder.
“Cuando ofrecemos el micrófono, cuando nos subimos a un ómibus, cuando comemos tortas fritas o cuando nos ponemos una campera para recorrer los barrios estamos haciendo lo mismo que hicimos desde aquella primera campaña electoral de 1989. No sé por qué hay gente a la que le extraña”, dijo Vázquez subido a un murito de la calle Asilo, frente al hospital Pasteur, y con el candidado a la vicepresidencia, Raúl Sendic, a su lado.
La referencia de Vázquez tuvo como objetivo a dirigentes blancos y colorados quienes lo han acusado de haberse sacado la corbata para acometer actitudes demagógicas en sus recorridas por los barrios más pobres de la capital.
El líder frenteamplista dijo que poco a nada en él ha cambiado más allá de que cuando asumió al frente de la intendencia de Montevideo tenía 50 años y hoy ha alcanzado los 74. Pero recordó, una y otra vez, que el país es muy distinto al que era cuando él asumió la presidencia en 2010. “Los jóvenes no se acuerdan. Pero hace diez años había mucha gente que tenía que comer en ollas populares”, señaló en la templada tardecita de ayer rodeado de decenas de personas y de varios dirigentes.
Vázquez aseguró que nadie quiere volver a ese pasado no tan lejano y aseguró que en sus recorridas muy poca gente le pide trabajo. “En Tomás Gomenzoro me pidieron un Abitab; en Conchillas una mejor repetidora del Canal 5. La gente vive mucho mejor pero falta mucho por hacer”, dijo Vázquez. Y se marchó hacia el barrio Casavalle en donde confirmó, caminando por las calles de barro del cantegril, que la pobreza sigue en pie.
En la plaza de deportes que la intendencia construyó en medio de los rancheríos, Vázquez volvió a recordar que su presencia allí no debería resultar extraña. “No es la primera vez que estoy acá, conozco los problemas. En mis cuatro campañas electorales recorrí el país centenas de veces”, dijo Vázquez y le pidió a una vecina que lo acompañara -junto a los dirigentes y a varios periodistas- a recorrer las laberínticas sendas embarradas en donde recibió muestras de afectos de hombres y mujeres que salían a saludar desde el interior de casas pobrísimas.
Hasta que lo encaró un veterano con ropas raídas y mugrientas con el que se dio el siguiente diálogo:
-Dejá de juntar votos y sacá esa plaza de ahí que tenemos que caminar no sé cuántas cuadras para tomar el ómnibus.
-Algo tenemos que hacer para que pueda pasar el ómnibus...
-Esa plaza sirve nada más para que vayan a fumar porros...
-!Qué intolerante!
-Y todavía tenemos que pagar el caprichito tuyo...
-¿Qué caprichito?
-El de la prohibición de fumar. Nos vamos a comer un juicio y lo vamos a tener que pagar todos.
-Decime, ¿vos en qué trabajás?
-Andá, andá a llamar a Bush para que te ayude.
-Pero ¿vos en qué trabajás? Me dicen los vecinos que no trabajás.
-Yo hago cosas.
-¿Hacés cosas? !Vos sos un vagoneta!
Después, Vázquez se dio media vuelta y marchó con sus seguidores hasta Piedras Blancas en donde se abrazó con una antigua funcionaria del Hospital de Clínicas y fue saludado por una joven de 20 años a la que le detectó cáncer cuando era una niña.
Vázquez defendió la “solidaridad” de los pobres, criticó a los “terratenientes egoístas” que no quieren pagar el impuesto de Primaria, y se despidió con su ya conocido “Hasta la victoria, siempre...” porque, auguró, estaba por caer un chaparrón.