En 1993 la película fue un estallido de vida en la industria moribunda del cine argentino. El público local acudió masivamente al cine y celebró el espíritu de rebeldía que proponía Tango feroz. En Uruguay sucedió algo similar. Veinte años después, la película todavía tiene un planteo atractivo, con esa historia de amor en tiempos agitados, aunque, con la perspectiva de los años, se aprecia con más claridad la insolvencia del desarrollo.
Tango con una ferocidad atenuada
Se estrenó la versión masterizada de Tango feroz, de Marcelo Piñeyro