Teatro infantil con tono morboso
Pacamambo, la obra para niños que presenta la Comedia Nacional, falla en su intención de acercar el tema de la muerte a los más pequeños
El punto de partida de
Pacamambo, el espectáculo infantil que este año realiza la
Comedia Nacional, parecía una opción interesante y diferente dentro de la gran variedad de obras que se presentan este mes para los espectadores más jóvenes. Julia, una niña de 12 años, se queda a dormir en la casa de su abuela la noche en la que su adorada María-María muere. La persona que ella más quiere en la vida es llevada por La Luna a un mundo de fantasía llamado
Pacamambo, un lugar que es "lo que cada uno desee e imagine".
Hablar sobre la muerte en el
teatro infantil no es un tema fácil, pero no por ello debe ser extirpado de las obras para niños, que habitualmente reflexionan sobre asuntos espinosos como la soledad, la discriminación o la incomprensión. Pero el querer llevar un poco de realismo a los niños, no necesariamente implica tratar a la muerte de manera literal, en el sentido de que el énfasis esté puesto en los aspectos más morbosos de esta, como la descomposición de los cuerpos o el semblante pavoroso de los cadáveres con los ojos abiertos.
Pacamambo, dirigida en la versión local por Ramiro Perdomo, es una obra escrita en 2010 por Wajdi Mouawad. El francocanadiense es más conocido por su pieza Incendies, que fue llevada al cine ese mismo año por el director quebequés Denis Villeneuve y obtuvo una nominación al Oscar como mejor película extranjera. Se trata de la segunda obra de este autor que realiza la Comedia Nacional, después de que en 2013 presentara Litoral, que también ponía en escena a un cadáver. En este caso era el del padre del protagonista, quien transportaba el cuerpo de su fallecido progenitor a su país de origen.
En Pacamambo la historia gira en torno a una niña (Florencia Zabaleta), que con la ayuda de su perro (Fernando Vannet) esconden durante 19 días en el sótano de la casa el cadáver de la abuela (Isabel Legarra), con el propósito de que La Muerte vuelva para darles explicaciones. Completan el reparto el psiquiatra de Julia, interpretado por Andrés Papaleo, y Jimena Pérez, quien encarna a La Luna y a La Muerte.
La pieza infantil, que se estrenó el 16 de mayo en la sala Zavala Muniz del
Teatro Solis pero bajó de cartel durante las vacaciones de julio, vuelve por sus cinco últimas funciones mañana hasta el 2 de agosto.
Experiencia traumática
En el comienzo de la historia, Julia se encuentra en sesión con su psiquiatra y se niega a explicarle por qué permaneció junto al cadáver de su abuela en estado de descomposición durante 19 días. Poco a poco la niña se va abriendo y le cuenta sobre ese lugar del que María-María le habló llamado Pacamambo, "un país donde estaremos todos".
El espectador espera entonces que ese mundo se recree de alguna forma, pero la obra de Mouawad no se adentra a crear un universo a la manera del mágico mundo de Oz o el País de las Maravillas. Por el contrario, la fantasía se ancla en la necesidad de la pequeña de enmascarar la experiencia traumática que le toca vivir, mientras que llena el cuerpo de su abuela de perfume y maquillaje para cubrir los estragos que el tiempo le produce.
Sin duda, tratar la muerte de un ser querido desde ese lugar en un espectáculo infantil es una apuesta fuerte tanto para el autor, que logró buenas críticas en las versiones que se hicieron de Pacamambo en Canadá, como para la Comedia Nacional, que eligió esta pieza luego de años de no hacer teatro para niños.
Cabe destacar de la puesta la escenografía sencilla pero imaginativa, que al principio es un cubo que funciona como cama y se va desmontando hasta convertirse en cómoda o incluso en silla. También la propuesta de hacer música en escena con todo tipo de instrumentos, como un rallador o una cafetera, a cargo de Pablo Notaro.
Como casi siempre en la Comedia Nacional las actuaciones son buenas, aunque en esta puesta podría criticarse el constante estado de hiper excitación en el que parece encontrarse la protagonista, que hace extrañar momentos de mayor recogimiento que permitan generar más empatía con ella. Isabel Legarra y Jimena Pérez siempre se destacan, por pequeños que sean sus papeles, y es gracioso verla a esta última como una Muerte rockera, con vestido multicolor, campera de cuero y una peluca negra azabache.
"Si aceptamos vivir debemos aceptar también morir", es una de la frases que se dicen en la obra, que también toca el tema del racismo y el mal relacionamiento de la niña con sus padres. El concepto es bueno, pero el problema está en que Pacamambo no reflexiona con profundidad sobre el paso de la vida a la muerte sino que prefiere regodearse en los aspectos más morbosos del asunto.
Otro inconveniente es que, si bien la obra original es recomendada para mayores de 9 años, la puesta uruguaya es apta para todo público, lo que redunda en que gran parte de los asistentes sean niños menores de esta edad, algunos de los cuales se tapaban la cara o miraban con rostros asustados. El espectáculo, a la vez, no sería recomendable si los padres buscan que sus hijos pasen un rato divertido, a juzgar por la reacción del público durante la función reseñada, que apenas logró colar alguna risa cuando el perro hizo una de sus morisquetas.
Pero, en definitiva, son dos las preguntas que yacen detrás de la puesta de Pacamambo.
Una es hasta qué punto es válida esa tendencia de tratar de convertir en grandes a quienes son pequeños. La otra es si un elenco oficial como es la Comedia Nacional, la única en el país capaz de llegar a más niños por el precio de sus localidades, debe apostar después de años de no hacer un espectáculo infantil por una obra de este tipo.