11 de junio de 2026 5:00 hs

Trotsky Vengarán empezó a festejar sus aniversarios hace poco. Les pareció que ya habían llegado a una cantidad de años considerable y que esas marcas cada vez más altas ameritaban ser celebradas. Y como el festejo de los 30 años quedó postergado por la pandemia, los 35 que cumplen este 2026 tendrán varias instancias de conmemoración.

Las más inmediatas son los shows que la banda tiene este 12 y 13 de julio en Montevideo Music Box, y luego vendrá una Sala del Museo el 1° de agosto, y un Teatro de Verano el 31 de octubre. Sin embargo, la celebración no será solamente un show retrospectivo en el que hay canciones de todos sus discos, sino que también incluye la salida de un disco nuevo, que acaban de terminar de grabar.

Trotsky publicó entre 2025 y lo que va de este año una sucesión de seis canciones que son la mitad de ese álbum y que ya integran su repertorio en vivo. La otra mitad llegará en el correr de este año. El vocalista de la banda, Guillermo Peluffo, habló con El Observador a propósito de este aniversario y esta novedad: “Estamos en contradicción entre festejar nuestra historia y hacer algo nuevo. Somos presos de nuestros caprichos, seguimos queriendo tener todo, como si fuéramos niños. Y como mucha gente nos sigue el tranco, nos parece que podemos tener todo”.

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¿Qué reconocés que mantienen desde que empezaron hace 35 años?

En algunos momentos caímos en el pecado de mirar la repercusión de otros. Está bueno que otros te marquen que no hay techo, que hay más. Que haya bandas como La Vela, No Te Va Gustar, La Trampa, Buitres, El Cuarteto de Nos. Bandas que quebraron el techo en distintos niveles, algunos en Uruguay, otros en el continente entero. Ese sueño para una banda no existía cuando nosotros empezamos. Cuando lo vimos surgir no creímos en él. Cuando los vimos progresar, pensamos (o yo por lo menos pensé) “no sé cuánto va a durar”. Y ahora que ves las carreras que hicieron y cómo siguen avanzando hacia lugares que no sospechabas, te das cuenta de que seguís teniendo eso de decir “capaz no voy a ser un gran artista pero capaz que creo algo, pasa algo”. Tomamos esas referencias no como algo negativo, de celos, sino reconocer lo que es uno y decir “bueno, estos están acá, capaz hay algo más para hacer”. No voy a ser un sustituto de sus canciones, pero ya tiene la sonoridad del rock uruguayo, no estamos tan lejos estéticamente. Hay gente que nunca nos dio bola y ahora nos está dando, público de otras bandas. No sé, habrán embocado esos discos que hiciste en una mezcla más pop y no tan punky. El punk en Uruguay está cada vez más atomizado en pequeños espacios, lamentablemente. Cuando ves todo lo que le cuesta a todas las bandas nuevas, la cantidad de colegas que se separan y desarman sus proyectos, te das cuenta que nuestra ambición es infinita, pero valoramos lo que tenemos.

Hace 35 que esta banda está acá, no paró nunca, no nos tomamos vacaciones, si faltó alguno la banda tocó igual, en pandemia no paramos. Es medio loquito esto de nosotros, esta droga que no queremos dejar de consumir, ese vértigo del escenario. No todos lo llevan a esta alegría. Celebrémoslo, es una realidad. Esa vuelta la pegamos. Siempre sembramos, no llegó nunca la época de la cosecha. Sembramos, agarramos lo que ganamos con las publicidades y lo reinvertimos en la banda, en los discos nuevos. Seguimos apostando a nosotros. Esos son los 35 años. 35 años de la misma lógica, la de ir por la próxima.

¿Se siguen aprendiendo cosas nuevas aunque ya tengan bastante recorrido encima?

Aprendimos muchas cosas de esta nueva realidad que vivimos. Aprendimos que vos, por más que toques muchas veces es una sala, no quiere decir que te vaya a ver público distinto. Tenés que ir a distintas salas para que distinto público te vaya a ver. Tratamos de ir a los barrios porque es a donde hay que seguir tratando de ir para que no se marchiten esas flores, esas semillas que crecieron hace muchos años. Y ahora hay un público nuevo que quiere ver de qué se trataba de eso. Hay mucho público que está ingresando al universo del rock porque de repente otras maneras de diversión no lo llenaron tanto, porque ingresan por una banda y quieren saber de qué se trata otra. Sentimos que hay mucho público entrando a este lugar que nosotros abrimos hace muchos años y cada vez que entra un público nuevo cambia el juego. Y nos parece que, en vez de tratar de perder tiempo descifrándolo, aprendemos a descifrarlo tocando.

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Es que es la respuesta que han encontrado para todo.

Tocando siempre le encontramos la vuelta. Con este show nos dimos cuenta que había muchas canciones en los últimos discos que la gente estaba pidiendo que le diéramos bola. Y es que son muy importantes para la gente. Es un poco un pie cada lugar. Hicimos muchos festivales el año pasado y este. Y ahora nos atrevemos a invitar a la gente a una sala para ver un show distinto de Trotsky. Intentamos poner el precio más razonable posible para que la gente pueda seguir esto más de una ocasión. Lo que el público va a entender es que cada show es distinto, tiene una dinámica pensada. Somos una banda que tocamos para 5.000, 15.000, 30.000 personas en un festival, o podemos tocar para 150 en una cueva. Y queremos disfrutarlos todos, los escenarios grandes y los chicos.

Nos damos cuenta que nos gusta mucho tocar, y en las giras volvés a recuperar esa energía iniciática que te tiene que empujar. Cuando tocamos afuera, que son shows más chicos, conectamos con esa energía y decimos “¿por qué no hacemos estos shows allá, para menos gente?” Porque vamos a atender todas las capas de disfrute que tiene la banda, ese disfrute inmediato del éxito, del pogo, de la fiesta, pero hay otras canciones que sin alejarse del espíritu, tienen otros momentos, otras capas, otras sensibilidades. Vamos a respetar esas distintas capas, no podés poner al lado de Noche de rock o de El alma en dos cualquier canción. Y según la dinámica del show hay canciones que empiezan a cobrar sentido y se disfrutan mucho. Eso es lo que descubrimos. La gente lo disfruta, la gente lo reclama, son canciones nuestras. Nosotros vamos a ir a tocar. Es lo que nos parece que nos toca. Aparte nunca es un día de oficina (risas).

En cuanto a la convivencia en el vivo de las canciones nuevas con las anteriores, ¿es tranquilizador que una canción de 2026 pueda estar al lado de una de 2003 o de 1991?

Es la serpiente que se muerde en la cola. Las canciones terminan dialogando entre ellas de una forma muy saludable. Hay cosas que uno ya no puede escribir a esta altura de la vida y por eso están esas canciones que tienen años y hay cosas de las que uno puede hablar ahora pero no se hubiese animado a hacerlo antes. Ya no te preocupas por el disco que te salve la vida, no te preocupas por la canción que te salve la vida. La vida no nos va a cambiar por un disco. Cosa que de repente cuando sos joven pensás y le ponés muchísima expectativa a la repercusión. Ahora es más relajado: quiero hacer esto y lo quiero mostrar. Si pega, pega, si no pega mala suerte. Como tantas otras canciones que hiciste. Hemos aprendido que las cosas no suceden instantáneamente, vos capaz sacás un disco y por la razón que sea, la gente lo escucha un año después, y las cosas pegan mucho tiempo después de lo que te imaginabas. Ya no existe esa cosa del hit que suena en la radio. Estamos aprendiendo siempre las reglas, que cambian todo el tiempo, y no enojándonos con las nuevas, sino tratando de recuperar esa cosa que tenés de joven, de encontrarle la vuelta, ver como se puede entrar y cuál es la mejor manera de mostrar tus cosas. Para eso si te sirve la experiencia. Saber que tenés un público cautivo, pero al mismo tiempo evitar que se convierta en una burbuja donde no entra nadie más, o que estás dando pasos donde ya sabés la respuesta, que no se convierta en fórmula.

Cambia el entorno también, hay canciones entre las que sacaron en el último tiempo como Barrio o Jugados a nuestra suerte, que hablan de lo que está pasando ahora en la sociedad uruguaya.

A la hora de componer, me ocupé de algo que no sentía hace muchos años, que es que yo podía ser una voz que interpretara la realidad. Yo creo que uno tiene eso cuando es joven, después uno se da cuenta que sigue haciendo cosas pero no está en ese lugar, ya no sabe lo que está pasando en la calle, no sabe cuál es la movida. No podés estar en la noche y llevar a tus hijos a la escuela al mismo tiempo. Te bajaste de esa cosa de interpretar la realidad. En algún momento sos una banda generacional, creo que nuestro momento está ubicado en el momento de mayor explosión de la banda, que es entre el 2002 y el 2004. En los discos siguientes, letrísticamente empezamos a caminar por otros lugares y si bien esa inquietud siempre estuvo, nunca logramos articularlo de una manera que se interpretara como una foto de la realidad.

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Pero para este último disco afinamos más la puntería por la pandemia, por el tipo de política que se está desarrollando a nivel mundial, por las particularidades de tener una figura como Trump gobernando dos periodos en Estados Unidos y con toda la matriz cultural que cambió, ver cosas cómo que Bruce Springsteen hable mal de Trump y que eso no mueva la aguja en ningún voto. Se desarmaron todos esos amuletos que había, se acabó ese mundo. Efectivamente, el siglo XX se terminó. Se terminó lo que conocimos. Es otro universo que de repente va hacia el siglo XX, pero lo reinterpreta de otra manera. Empezás a ver bandas de punk rock que empiezan a mezclar punk con afterpunk, con esto, con aquello, con el desparpajo típico de la juventud y decís “me comí el cuento de la receta, tengo que volver a jugar con todos los juguetes que tengo guardados en el cajón". Si se puede jugar con esto, yo sé cómo se juega.

Después de la pandemia salimos con un disco medio catártico, Todo está por pasar, que trata de ser luminoso, abierto, con un sonido muy pop, y de repente, dos años después, había rabia, angustia, miedo a perder el trabajo de verdad, ya no era una cuestión coyuntural de la pandemia, y todo eso había que bajarlo a canciones. La discusión pública de un talante muy bajo, la intolerancia hacia lo diferente nos hace acordar muchísimo a nuestra juventud, la agresión a los jóvenes nos hace acordar muchísimo a nuestra juventud. Si bien no es una bandera que nosotros defendemos, el ataque a todos los ritmos urbanos nos parece que es una manera de “gurisofobia”. Ver a una cantidad de músicos que vos idolatraste que básicamente tienen un pensamiento de derecha, ver a John Lydon apoyando a Trump. Todo en lo que creías, los crucifijos, los amuletos, terminaron todos en la basura. Ya no es una sensación, es una realidad. Bueno, si es tierra de nadie, hay que empezar a construir, y empezamos a construir como nosotros creíamos que había que construir en 1995, o en el 2000, cuando construimos nuestro repertorio inicial. Recuperamos ese lugar.

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Son de alguna forma, ¿una banda de crisis? No solo en ese sentido coyuntural, sino también en que han contado que las propias crisis de la banda les han hecho seguir adelante, o esa cuestión que se ve mucho en comentarios de redes, de ser una banda a la que la gente se abraza cuando está atravesando una crisis propia. ¿Se perciben así?

En algún momento reconocimos ese lugar. Hubo un cambio de actitud también. Cuando empezamos queríamos que el mundo nos entendiera a nosotros. Queríamos imponer nuestras reglas y que el público se doblegara ante nuestra propuesta. Hace unos años cambiamos el chip y fue tipo, “¿qué quiere el público de mí?” Y yo al público, ¿qué le voy a dar cuando viene? ¿Le voy a tirar pálidas? ¿Me voy a poner en este lugar de “te voy a contar lo que está pasando”? Si vos ya sabés lo que está pasando. Ya opinaste, ya comentaste en las redes. Cambió mucho ahí. Entonces empezamos a buscar rincones más poéticos, pero bueno, eso ya se pegó una vuelta y en determinado momento sentimos que había que empezar a decir cosas. Pero ya cuando decís cosas sentís que no tenés derecho a tirarle en la cara a un tipo que ahorró para ir a tu show. Se juntó con los amigos, se puso de acuerdo, se tomaron un bondi, están tomando algo en el bar de la esquina, ya vienen bien puestitos. Y cuando lleguen decirles “no muchachos, tenemos muchos problemas de los que hablar”. Nos tenemos que hacer cargo de la fiesta, una fiesta que queríamos tener cuando empezamos con esto, y ahora viene gente a la fiesta, entonces hay que darle fiesta. Si, voy a tratar temas oscuros, pero te voy a dibujar una luz de esperanza. Como la que se tiene que dibujar uno mismo, como uno la ve en los padres de uno, que ya son añosos y para los que levantarse y vestirse cada día es una cosa fundamental.

Todo en lo que creías, los crucifijos, los amuletos, terminaron en la basura, es una realidad. Y si es tierra de nadie, hay que empezar a construir. Todo en lo que creías, los crucifijos, los amuletos, terminaron en la basura, es una realidad. Y si es tierra de nadie, hay que empezar a construir.

Las pequeñas victorias.

¡Exacto! Las pequeñas victorias son claves para llegar al final del día, apoyar la cabeza en la almohada y poder dormir. Todas esas cosas que estaban pasando a nuestro alrededor empezaron a trasladarse a las canciones y al show, empezaron a recoger el costado más luminoso, y el borracho desbundado que antes era todo, quedó en un rincón, y ahora dentro del show es leído como una cosa pintoresca y divertida pero no es el centro. Es un condimento, no es la proteína (risas).

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En esas pequeñas victorias tenés que creer para cantárselas al resto, ¿no?

Los primeros que precisamos estas letras somos nosotros. Y las crisis nos han impulsado a la creatividad, a escapar hacia adelante haciendo obra. Cuando uno precisa esa obra quiere procesar esas cosas que le están pasando adentro y uno lo que quiere es que alguien te diga “vamo’ arriba, hay revancha, va a estar todo bien, todo esto es una mierda, pero si le damos o si estamos juntos se pasa mejor”. A todos nos ha tocado convencernos para salir adelante, hacer acuerdos. Los ensayos en pandemia fueron catárticos para nosotros, en un momento donde había nubes negras en el horizonte, procesamos dentro de la banda todo eso, y se convirtió en un refugio. Y queremos proteger eso medio mágico que pasa con la banda, cuidarlo, regarlo. En ese espíritu empiezan a surgir letras que te invitan a volver a levantarte. Hay mucha autorreferencia, pero no es directa. No le hablamos a nadie en particular, pero si es una historia específica que refiere a más gente, tratamos de hacer eso y lo hacemos convencidísimos. No como si fuera una fórmula. Sino porque vale la pena hacerlo.

Hay canciones como Historias sin terminar, donde hablamos de la amistad, y vos después no vas y decís “no voy a escribir más sobre esto porque ya hice este golazo". Al revés, volvemos a calzarnos las botas y vamos por esa canción de nuevo, porque hay un pibe de 17 años para el que Historias es la canción de sus padres, no la suya. Volvemos a los mismos temas con otras dinámicas, otra experiencia. Hacemos lo mismo una y otra vez con ese espíritu, pero cambiando. Capaz algún día nos cansamos, pero yo creo que nos vamos a morir antes de cansarnos. O vamos a tener una crisis máxima antes de aburrirnos de lo que hacemos porque cada vez es más divertido. Tenés gente que te está esperando para tocar. ¿Qué precisás más que eso?

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