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No fueron muy originales los diarios europeos para describir el resultado electoral del pasado domingo en Grecia. “Alivio” y “respiro” fueron dos palabras que se repitieron en casi todas las portadas de la prensa continental tras la victoria de los partidos helenos que acordaron el rescate con la Troika.

Apenas transcurridas las primeras horas de la jornada del lunes, los principales mercados vieron como el entusiasmo inicial era arrastrado con fuerza por el pánico de los inversores.

En España pareció que las noticias que llegaron desde Grecia fue el temido triunfo de la izquierda radical Syriza, lo que prometía darle la estocada final a la frágil economía ibérica.

A pesar que los partidarios a mantener la economía helena dentro la zona euro alcanzaron la mayoría parlamentaria y sus principales dirigentes dieron inmediatamente señales de acuerdo para formar gobierno, tal como reclamaba el mercado, el nerviosismo se apoderó los inversores.

El lunes, la rentabilidad que el mercado le exige pagar a un bono español a 10 años alcanzó el máximo de la era euro (7,28%) y la prima de riesgo –diferencial de tasa respecto a un título alemán– se situó en el récord de 589 puntos para cerrar la sesión en 574 puntos.

Así, las tasas que paga la deuda de España se parecen más a las que paga la intervenida Irlanda que a las de Italia. La Bolsa de Madrid exhibió al cierre de la jornada de ayer una caída de 2,96%, al tiempo que en el resto de los parqués del viejo continente hubo desempeños mixtos y el euro profundizó su debilidad frente al dólar.


Todos contra Merkel

La cumbre de líderes del G20, que se desarrolla en Los Cabos (México), centra su atención en la crisis que padece Europa.

La falta de resultados positivos que hasta el momento muestran las medidas de austeridad que defiende a capa y espada la canciller alemana, Angela Merkel, sumó un poderoso adversario al bando de los promotores de políticas de crecimiento: Barack Obama.

El presidente estadounidense, apurado por una campaña electoral en la que perdió el favoritismo frente a su rival republicano, Mitt Romney, y por una economía que no consigue afirmarse, se mostró decidido a involucrarse de lleno a resolver la crisis europea.

El actual huésped de la Casa Blanca es conocedor de que buena parte de sus fichas en la contienda electoral de octubre se juegan del otro lado del Atlántico, donde se coloca 20% de las exportaciones de la primera economía mundial, que ahora es más dependiente de su comercio exterior.

Obama aplicó en su país la receta “keyenesiana” –reactivar la economía a impulso de la inversión pública– para escapar de la crisis, y es justamente esa salida la que espera adopte Europa.

“Los ojos del mundo están sobre nosotros”, dijo al resto de los líderes el anfitrión, el presidente mexicano Felipe Calderón, para poner más presión a la cita.

Los líderes mundiales son conscientes de que la crítica situación no amerita más demoras y esperan concluir la reunión con una declaración conjunta de compromiso con el crecimiento.

El sorpresivo encuentro mantenido entre Obama y Merkel representa la señal de la preocupación reinante y la esperanza de los dirigentes europeos que ansían un cambio de rumbo.

La incorporación del estadounidense equilibra la puja que lleva adelante prácticamente en solitario el presidente francés, François Hollande, aunque acompañado últimamente por el primer ministro italiano, Mario Monti, para convencer a Merkel en que ceda en su férrea defensa de la disciplina fiscal como escape a la crisis del viejo contiente.

Pero otros dirigentes de peso también se animaron a reclamar una vuelta de timón en la conducción de la crisis.

“No podemos permitirnos que los bancos centrales del mundo se mantengan al margen si queremos conseguir el crecimiento que necesitamos”, dijo el lunes el primer ministro británico David Cameron. En similar sintonía se pronunció el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy.

Pero el temor desbordó Europa y al parecer el G20 remplazará a la UE como campo de batalla para dirimir una salida a la crisis.
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