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Las declaraciones de Maggi al participar el sábado 26 en la Expointer, la muestra ganadera más grande de la región en Esteio, a las afueras de Porto Alegre, trajeron al tapete un tema conocido.

El anuncio del ministro de Agricultura de Brasil, Blairo Maggi, de la intención que tiene el país norteño de cuotificar el ingreso de lácteos uruguayos, sacudió la modorra y provocó diversas reacciones.

Es que desde hace casi una década, cuando la producción de leche se incrementa en Brasil –o se estima que se incrementará, como ocurre ahora– las poderosas gremiales lecheras del vecino gigante presionan al gobierno de turno para que frente al ingreso del producto al país. Es de estilo.

Es tan grande el poderío de las gremiales brasileñas que en 2009 lograron que Argentina aceptara una medida similar a la que ahora insinúan presentar a Uruguay.

Los argentinos, con una lechería que está entre las seis principales exportadoras del mundo pero que se encuentra en un proceso de recomposición, tienen topeado en 4.500 toneladas por mes hasta mayo de 2018 el ingreso de lácteos a Brasil.

En el intercambio comercial, los números son elocuentes. Por un lado, Brasil es el principal destino de los lácteos uruguayos –leches en polvo primero y quesos después–, aun en este año que las exportaciones cayeron 36% a julio respecto a 2016.

En porcentaje, los productos lácteos representan 30% de todo lo que exporta Uruguay a Brasil. Siendo esa cifra tan importante para el país, en el caso de Brasil lo que Uruguay le vende es apenas el 0,6% del consumo interno.

Los brasileños son 99% autosuficientes. El 1% que importan se lo reparten Uruguay (60%) y Argentina (40%). En términos generales, Brasil es el segundo socio comercial de Uruguay, detrás de China.

Si levantamos la mirada, el episodio por los lácteos con Brasil –que no está cerrado– se suma a una coyuntura internacional donde parece que el comercio libre está en tela de juicio.

Bastaría enumerar los sucesos más destacados para darse cuenta que corren tiempos difíciles. La Unión Europea (UE) y EEUU sancionan a Rusia por su intervención en Ucrania y la anexión de Crimea en marzo de 2014. Entre otras consecuencias, Rusia se queda sin el abastecimiento de carne de Europa. Al mismo tiempo, Rusia aplica similar medida a EEUU y la UE.

Asume el nuevo presidente de EEUU, Donald Trump, y anuncia medidas que suenan restrictivas para el comercio. Así, en una de las primeras acciones, pide rediscutir el acuerdo de libre comercio con México y Canadá, que parecía intocable. Está todo en discusión.

Días atrás, EEUU eleva los aranceles al biodiesel de Argentina a niveles que hacen inviable seguir exportando al principal mercado que tiene el vecino país para el producto. El gobierno de Mauricio Macri ya pidió que se revea la medida.

La UE y el Mercosur están en plena negociación de un acuerdo comercial, pero hay grandes dificultades en las políticas agrícolas. Precisamente, Aguerre recordó esta semana que cuando el GATT se transformó en OMC (Organización Mundial de Comercio) se aceleraron los acuerdos comerciales entre las naciones, menos en el comercio agrícola. Que triplica la protección arancelaria de otros rubros.

En este escenario, los desafíos son enormes. Porque mientras el comercio mundial es apenas el 10% de lo que se produce, a Uruguay le va la vida como país productor de alimentos, ya que exporta 77% de los lácteos; 95% de la soja; 75% de la carne vacuna; y 95% de arroz, entre los principales.

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