"Hoy te comés el mundo. Hoy te convertís en héroe”, dijo Javier Mascherano al arquero Sergio Romero antes de la definición por penales que metió a Argentina en una final mundialista después de 24 años.
"Hoy te comés el mundo. Hoy te convertís en héroe”, dijo Javier Mascherano al arquero Sergio Romero antes de la definición por penales que metió a Argentina en una final mundialista después de 24 años.
Momentos antes, durante la arenga final, el “Jefecito” fue el que habló ante todo el plantel. Antes del partido ante Bélgica por cuartos de final, una instancia que Argentina no superaba desde 1990, Mascherano – integrante de las selecciones mundialistas de 2006 y 2010– lanzó un discurso que llegó al corazón de sus compañeros: “Estoy harto de comer mierda”, les dijo, “es por mí, por los exjugadores y por nosotros que tenemos que pasar esta barrera, ¡¡¡Vamos!!!”.
Como si fuera el capitán
Pero el que lleva el brazalete es la figura del equipo, Lionel Messi. El rosarino heredó la capitanía del propio Mascherano, por decisión del entrenador Alejandro Sabella, emulando lo que en 1983 Carlos Bilardo hizo con Maradona: el líder adentro de la cancha es el que mejor juega.
La diferencia es que “el Diego” demostraba mucho más carácter que el jugador del Barcelona, que no demuestra anímicamente en la cancha pero que juega más que nadie. Messi es un líder futbolístico, como ha demostrado con sus goles ante Bosnia, Irán y Nigeria que le permitieron a la selección argentina avanzar a octavos de final, o con la asistencia para Ángel Di María que los ubicó en cuartos.
Mientras que por su parte, Mascherano es el líder espiritual de la albiceleste, como demostró ante Holanda: sus quites a Robben y a Huntelaar yendo al piso con todo, y su arenga a Romero lo convirtieron en el símbolo del sufrimiento del equipo argentino para llegar a la final.
Incluso el propio Maradona lo reconoció. “Argentina fue Mascherano y 10 más”, dijo. Sabella reconoció que “es un baluarte dentro y fuera de la cancha”.
El cambio
Argentina vivió una transformación en este mundial que se reflejó en la idolatría del público: llegó como “la Argentina de Messi”, una de las mayores favoritas al título, y se convirtió en “la Argentina de Mascherano”, al ser un equipo que no logra jugar bien, pero que es aguerrido y esforzado, y que con sufrimiento ha llegado hasta el último partido del torneo.
Todos hablaban de “los cuatro fantásticos” de la ofensiva, pero la mayor fortaleza terminó apareciendo de mitad de cancha para atrás.
Ganador de dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos, Mascherano no tuvo su mejor temporada en el Barcelona, donde Pep Guardiola lo reconvirtió de volante de contención a defensa central, posición en la que no ha igualado su desempeño. Una situación inversa a la de “Lio”, que brilla en España, pero que recién en los últimos tiempos ha logrado destacar en su seleccionado.
Sin embargo, tras un buen arranque de mundial, al 10 se lo ha visto limitado por las defensas rivales y sin compañía en el ataque, por lo que han sido otros los héroes, como Mascherano o Romero.
De todas maneras, como se vio en Brasil, ambos conviven perfectamente y se complementan como líderes en la selección, siendo quienes de una forma u otra, haciendo goles o trancando con toda la fuerza, han guiado al equipo argentino a plantarse este domingo en Maracaná.
¿Quién manda en la selección?
En Argentina se dice que Messi influye en la formación del equipo, haciéndole “recomendaciones” a Sabella.
En el mundial, tras un primer partido en el que la selección albiceleste experimentó con un 5-3-2, Messi sugeririó públicamente jugar con tres delanteros, como finalmente sucedió ante Irán.
En un video de la cadena TyC Sports se ve que en el partido ante Holanda, el capitán se acercó al banco y le dijo a Sabella: “Ponelo al Kun que el Pipa (por Higuaín) está muerto”. Momentos después, Agüero, que no estaba realizando la entrada en calor, ingreso al campo por Higuaín.
Es que Messi, sabiendo que es el mejor y que es el “niño mimado”, tanto en su club como en su selección, aprovecha y se impone, en una actitud que contrasta con su timidez.