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¿Qué define a un país?, ¿qué le brinda sentido de unidad? Acaso la cultura compartida de su gente, o bien la capacidad de tomar decisiones independientes. También podría ser la combinación única de recursos o las capacidades desarrolladas para su utilización. Y qué decir de la historia, los procesos fundacionales y la forma convenida de organización social.

A primera vista, sin querer ingresar en definiciones académicas, parecería que los países tienen que ver con nuestro sentimiento de pertenencia a una unidad indivisible, en la que compartimos una filosofía de vida y sobre la cual tenemos capacidad de tomar decisiones con el fin de alcanzar un bienestar general.

En este concepto de país, ¿qué tiene que ver la tierra?, ¿cómo influyen la propiedad y los fenómenos de concentración?, ¿realmente es un tema que hace a la identidad del país o al bienestar económico del conjunto? Sinnúmero de veces se ha planteado el debate en términos de soberanía, estructura productiva y eficiencia.

Recordemos los clásicos factores de producción; tierra, trabajo y capital. Si bien podemos decir que la combinación de estos factores con fines productivos se ha modificado a lo largo de los años a causa de la tecnología, también podemos afirmar que han mantenido plenamente su vigencia.

Centrando nuestra atención en la tierra, a priori cada uno de nosotros podría visualizarla como un factor de producción, o bien cómo un activo en el cual invertir o en ambos. En el primero de los casos la intencionalidad es la generación de beneficiosos económicos a través del uso de la tierra, es decir, al combinarla con tecnología, mano de obra y capital. En el segundo caso el objetivo primordial es la valorización del activo entre el momento de la compra y la venta, de forma de generar un beneficio económico aunque pudiendo prescindir del proceso productivo yla consiguiente demanda de trabajo y capital.

Quienes como yo se tildan de liberales, pensamos que tratar la tierra como factor de producción o activo sólo se limita a la decisión de cada individuo y al juicio del mercado. Sin embargo, para quienes como yo se tildan de estatistas, pensamos que la sociedad a través del Estado debe imponer límites en la decisión de utilizar la tierra como factor de producción o activo de valorización.

En mi modalidad liberal tengo la firme convicción que si el mercado estimula que la tierra se utilice como factor de producción es porque la combinación con el trabajo, el capital y la tecnología suponen la expectativa factible de generar una ganancia superior a la media. Por el contrario, si la decisión más acertada es invertir en tierra esperando que se valorice es porque las ganancias de compra-venta son superiores a las proyectadas dentro de un proceso productivo.

Sin embargo, en mi modalidad de estatista estoy convencido que el mercado sólo vela por maximizar la eficiencia del uso de los factores, aunque el objetivo último de toda sociedad en relación a la tierra debería ser utilizarla como factor de producción, de forma movilizar el capital y remunerar el trabajo.

La frontera de mi yo liberalseríaque ocurra una constante exclusión de la tierra como factor de producción, dejando de lado la incorporación del trabajo y la movilización del capital en el marco de un proceso productivo. Asimismo, la frontera de mi yo estatista sería que se evidencie una constante ineficiencia en la combinación de los factores de producción que determine quedarnos fuera de toda competencia.

Si lo deseamos, podríamos convencernos que la tierra es un tema de soberanía, en tanto afecta nuestra capacidad de decisión sobre un recurso finitocapaz de generar riqueza, retribuir el trabajo e incidir sobre el bienestar general. También podríamos argumentar que hace a las libertades del individuo y que junto al mercado son las bases para alcanzar una mayor eficiencia, capacidad de competencia y bienestar general.

¿Cuál sería la verdad?, ¿qué hay entre los extremos? Simplemente la manera compartida en que entendemos el mundo como colectivo representativo de un país y el vasto campo de las políticas públicas que buscan hacer efectivo ese sentir en tierras etéreas.
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