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Hace dos años la cancillería uruguaya solicitó ser parte de un grupo de países formado entre otros por todos los miembros de la Unión Europea y Estados Unidos, que negocia la creación de un tratado sobre el comercio mundial de servicios. En diciembre de 2014, finalmente Uruguay fue habilitado a ser parte de ese conjunto de naciones que, sumadas, representan 70% del negocio global de los servicios. Fue así que técnicos del Ministerio de Relaciones Exteriores, sin alardear, empezaron a tomar contacto con esos intercambios y, al mismo tiempo, analizar si le conviene al país sumarse al mega acuerdo en gestación.

Enterados de esos movimientos, dirigentes del PIT-CNT pusieron el grito en el cielo y le pidieron una reunión al canciller Rodolfo Nin Novoa, para plantear su rechazo al ingreso de Uruguay al TISA (por su sigla en inglés), ya que lo consideran un riesgo para la “soberanía nacional”, informó el semanario Búsqueda.

La reacción política de la central sindical fue previsible, pero apunta a algo inexistente. Es decir, el TISA todavía es un proyecto, una aspiración, un pensamiento. No está vigente desde el punto de vista jurídico y, por lo tanto, ni por asomo el gobierno está obligado a informarle al Parlamento ni mandar una ley para su aprobación, informó una fuente de cancillería a El Observador. En definitiva, le pegan y rechazan algo que ni siquiera nació.

Para esos casos, quien negocia los tratados es el Poder Ejecutivo y, en caso de firmar un acuerdo escrito, negro sobre blanco, debe enviarlo al Parlamento. Los legisladores deben decidir si se aprueba ese texto que tiene fuerza de ley, por lo que se incorpora a la legislación nacional. Es, por lo tanto, ridículo decir que haya algo oculto o a espaldas del Parlamento.

Es cierto, por otra parte, que los países interesados aspiran a crear un espacio liberal del comercio de servicios, lo que puede incomodar a la izquierda y poner en aprietos al gobierno de Tabaré Vázquez si por alguna razón piensa firmar (en el futuro) un tratado de esas características. Pero lo que hace Uruguay ahora (en reserva, claro) es llevar sus aspiraciones para analizar si las de otros países son compatibles. Tal como funciona la Organización Mundial de Comercio (OMC), el TISA busca tener acuerdo en su alcance por parte de todos los futuros miembros. Es decir, o se está de acuerdo con las disposiciones, o no se está dentro.

El sitio en internet de la Comisión Europea asegura que el TISA apunta a la “apertura de los mercados y mejora de las normas en áreas como la concesión de licencias, los servicios financieros, las telecomunicaciones, el comercio electrónico, el transporte marítimo, y los profesionales de la mudanza al extranjero temporalmente para prestar servicios”.

Un funcionario de cancillería comentó ayer a El Observador que, por ejemplo, el TISA permitiría a empresas de países miembro participar en licitaciones de compras estatales uruguayas, así como empresas locales podrían presentarse en licitaciones de esos países. Algo similar podría pasar con las telecomunicaciones.

En la resolución de rechazo al TISA, la Mesa Representativa Ampliada del PIT-CNT asegura: “Nuestro deber seguirá siendo ser centinelas de la democracia, cueste lo que cueste”. Según dijo ayer a El Observador el dirigente de la central, Ismael Fuentes, la reunión solicitada con Nin y con el subsecretario José Luis Cancela aún no fue concedida.

Un grupo de dirigentes del PIT-CNT había trasladado las quejas al presidente Vázquez cuando se reunieron días atrás en la residencia de Suárez y Reyes para analizar varios asuntos de la agenda. Allí, según dijeron varios participantes del encuentro, el mandatario reconoció que no estaba al tanto de las negociaciones de Uruguay para sumarse al tratado. “Se sorprendió”, comentó Fuentes a El Observador sobre la reacción de Vázquez ante el planteo de la central. Si bien los sindicalistas se fueron sin saber si Uruguay avanzará o no en el acuerdo TISA, con la reacción del presidente alimentaron su crítica a la negociación “secreta”.

El miércoles después de Semana Santa, el canciller Nin asistirá a la comisión de Asuntos Internacionales de la Cámara de Representantes. Allí será consultado sobre el tema, anunció a El Observador el diputado nacionalista Daniel Peña, que preside el órgano. “Todo lo que sea bajar aranceles en el mundo para Uruguay es bueno. El comercio no tiene ideología”, comentó Peña.

La discusión sobre el TISA recuerda a muchos el debate sobre un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos en el primer período de Vázquez (2005-2010). En aquel momento las posiciones críticas se impusieron antes de iniciar la negociación.

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