Trabados avances municipales
Los esfuerzos de la intenedencia por atenuar los dos problemas más graves –el tránsito y la basura– siguen trabados por demoras y tropiezos del gobierno departamental y por la propia población
Es una buena noticia la drástica reducción de accidentes en avenidas donde cámaras controlan el tránsito. Pero los esfuerzos del intendente Daniel Martínez y su equipo por atenuar los dos problemas más graves de directa responsabilidad municipal que enfrenta Montevideo –el tránsito y la basura– siguen trabados por demoras y tropiezos del gobierno departamental y por la propia población. El Centro de Gestión de Movilidad de la Intendencia informó que en los ocho meses de funcionamiento de las cámaras que controlan infracciones los accidentes graves, que generan muertes o lesiones permanentes, disminuyeron 67% comparados con el período 2013-2015, además de aportar fluidez a la circulación, lo cual los usuarios no han comprobado aún. Se anunció que las 200 cámaras que funcionan en la rambla y en las avenidas Italia y Rivera serán ampliadas a 430, cubriendo adicionalmente otras vías principales de la capital.
Subsisten, sin embargo, problemas graves de tránsito derivados del vertiginoso crecimiento del parque automotor en un sistema vial que ha tenido pocas mejoras. En algunos casos hasta se ha retrocedido, como ocurrió con las desastrosas aventuras de los corredores Garzón y General Flores, en los que la anterior intendenta Ana Olivera despilfarró decenas de millones de dólares. Los inconvenientes que persisten incluyen la doble circulación en muchas calles, contrariando la tendencia en casi todas las ciudades del mundo. Además las angosta el estacionamiento permitido, que en algunas calles deja apenas espacio para que pase un solo vehículo. Bastaría restringirlo para que mucha gente dejara sus automóviles en sus casas, aunque se necesitaría como reemplazo un sistema de transporte público mucho más ágil y eficiente que el actual. Y nada se escucha sobre un viejo plan de convertir a avenida Italia en una verdadera vía rápida mediante la instalación de overpasses que eliminen cruces y semáforos.
La idea lógica de construir estacionamientos subterráneos sigue en la etapa de planificación, obstaculizada por dificultades de financiación. Y el único que tuvo hasta ahora un interesado, bajo el parque Villa Biarritz, ya enfrenta la protesta de vecinos de visión corta. Lo rechazan por las molestias que causarían las obras y por el temor de que no se recupere esa zona. Esta última objeción carece de sentido. Basta mirar lo ocurrido en Buenos Aires, donde denigrados paseos icónicos revivieron embellecidos con la construcción de los estacionamientos bajo tierra.
Tampoco se ven mejoras cercanas en el problema de la basura, pese a la constante compra y renovación de contenedores, así como de los camiones especiales de recolección. Tres factores bloquean este tema. Uno es el sindicato municipal, en constante pie de guerra con paros que le tuercen la mano a la intendencia. Otro, tal vez el más grave, es la desidia y el descuido de los propios residentes en muchas zonas. Y sobrevive irresuelto la vergüenza urbana de los carritos de los hurgadores. Ya se venció el plazo anunciado en julio por la intendencia para poner en marcha su poco realista plan de dotar a los hurgadores con motocarros, una especie de minifurgonetas que reemplazarían a los carros tirados por caballos. Corregir décadas de gobiernos municipales deficientes es una tarea de gigantes. Algo se ha mejorado. Pero pocos avances se avizoran en lo muchísimo que queda por hacer para agilizar y mejorar el tránsito y ordenar la limpieza de la capital.