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Trabas a migrantes: Focos de xenofobia y mayores controles en las fronteras

La llegada de venezolanos y nicaragüenses a distintos puntos disparó la xenofobia

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26 de agosto de 2018 a las 05:00

Por Fabiana Culshaw - especial para El Observador

El drama que desde hace tantos años se ve en Europa irrumpe en América Latina, en especial por las crisis en Venezuela y Nicaragua.

Ya no son solo los argelinos, sirios, libaneses, marroquíes y africanos subsaharianos quienes sufren medidas de control y xenofobia cuando llegan a países europeos huyendo de las guerras y desgracias en sus territorios, sino que de este lado del mundo también se están viendo focos de discriminación e intolerancia ante los millones de migrantes de América Latina que se están movilizando a otros países de la región.

En ese contexto, la ONU exhortó el jueves 23 a los países latinoamericanos a seguir acogiendo a los refugiados venezolanos, y denunció las nuevas exigencias en las fronteras implementadas por Ecuador y Perú.

"Reconocemos los crecientes desafíos ante la llegada a gran escala de venezolanos", admitió el alto comisionado de la ONU para los refugiados (Acnur), Filippo Grandi , y subrayó "que es esencial que cualquier nueva medida siga permitiendo a quienes necesitan una protección internacional, que estén en seguridad y puedan efectuar su demanda de asilo".

Según la Organización para las Migraciones (OIM) y el Acnur, de los 2,3 millones de venezolanos que viven en el extranjero, más de 1,6 millones han huido desde 2015, cuando el país se sumió en una grave crisis económica y política. El 90% de ellos se han refugiado en países de la región.

"¡Fuera!"

Grupos de civiles en Costa Rica gritaron "¡Fuera, nicas!" contra refugiados nicaragüenses el pasado sábado 18. Consideran que el ingreso masivo de inmigrantes a sus territorios los perjudica. La protesta derivó en repudio, ofensas y disturbios.

La situación fue peor cuando el Organismo de Investigación Judicial costarricense indicó que un nicaragüense habría sido el responsable del asesinato de una turista española en el Caribe. En ese momento, la xenofobia aumentó aún más, haciendo cierto el "pagan justos por pecadores".

En Brasil se repitió un panorama similar. "¡Fuera, venezolanos!", dijeron muchos brasileños el lunes 20, al atacar los campamentos de esos inmigrantes en la ciudad fronteriza de Paracaima. Acto seguido, se desencadenaron actos vandálicos y de persecución, que terminaron en la huida de 1.200 personas que regresaron a Venezuela. Esas reacciones violentas se desencadenaron a partir de que un comerciante brasileño fue asaltado supuestamente por un grupo de venezolanos. "Paracaima ha ofrecido un ejemplo verdaderamente vergonzoso de xenofobia violenta e intensa", dijo el reverendo español Jesús López Fernández de Bobadilla, quien vive desde hace nueve años en esa zona. Otros se sumaron a su observación.

"Reconocemos los crecientes desafíos ante la llegada a gran escala de venezolanos", dijo Filippo Grandi de Acnur

Unos 400 venezolanos cruzan esa frontera diariamente, según datos oficiales. Esta semana el presidente de Brasil, Michel Temer, ordenó el envío de 120 hombres de la Fuerza Nacional para reforzar la seguridad en Roraima después de los ataques xenófobos y los incidentes violentos.

Lo cierto es que mientras los sentimientos predominantes de hermandad latinoamericana se mantienen, paradójicamente aumentan las dudas de los nacionales sobre los extranjeros. Hay cuerto temor de una parte de la población de que la entrada masiva de migrantes tenga un efecto en el mercado de trabajo y en un eventual aumento de actos delictivos.

En otras palabras, a mayor migración, mayor estigma y resistencia por parte de algunos grupos de los países receptores, así como también más burocracia migratoria como forma de intentar frenar en algo este fenómeno.

Todo indica que los anuncios económicos del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, del pasado viernes (que significan una nueva devaluación de la moneda), será el detonante de otra ola de éxodo de venezolanos en los próximos días.

Venezuela es el cuarto país con más solicitudes de asilo en el mundo, luego de Afganistán, Siria e Irak, en ese orden, según el Informe de Tendencias de Desplazamiento publicado por la ONU.

Más medidas de control

Últimamente, los países de la región han adoptado medidas restrictivas ante el ingreso masivo de inmigrantes, sobre todo venezolanos.

Aunque la intención es ayudar ante el drama humano –y lo hacen en la medida de sus posibilidades–, muchos gobiernos no cuentan con la capacidad ni con políticas públicas para dar respuestas a las poblaciones enteras que se están movilizando.

Hace pocos días, Perú anunció que comenzará a exigir pasaporte a los venezolanos que quieran ingresar al país a partir de este sábado 25. Hasta ahora, ingresaban con documento de identidad. También las autoridades adoptaron nuevos protocolos para la fiscalización migratoria en el principal aeropuerto.

"Ninguna de las dictaduras de derecha o izquierda que vivió Latinoamérica en el siglo XX causó una diáspora como la que vive el hermano país", dijo Ronal Rodríguez - Polítólogo, experto en Venezuela

Ecuador, por su parte, se declaró en "estado de emergencia migratorio" por la llegada súbita de unos 4.200 venezolanos. Según Acnur, 550 mil venezolanos ingresaron a Ecuador en lo que va del año. El ministro del Interior, Mauro Tascanini, informó esta semana que los venezolanos deberán presentar pasaporte para ingresar al país, lo que antes no se requería.

La nueva exigencia del gobierno de Lenín Moreno supone una verdadera barrera porque cualquier trámite en Venezuela, especialmente de pasaportes, es de difícil concreción debido a la burocracia de las instituciones chavistas y hasta por falta de papel para realizar los documentos.

Ayer, Ecuador anunció que habilitaba un "corredor humanitario" para facilitar el traslado en autobuses de cientos de migrantes venezolanos que pretenden llegar a Perú antes de que entren en vigor las restricciones para su ingreso en ese país.

Colombia, el país más afectado por la migración venezolana, está colapsada en las zonas de frontera. Ha recibido a más de 1 millón de venezolanos en los últimos 16 meses y ha regularizado temporalmente a 820 mil de ellos. También denunció la medida tomada por sus vecinos, alegando que ello favorece las migraciones clandestinas.

200 mil venezolanos viven en Ecuador. Alrededor de 90 mil tienen una visa de residencia y 50 mil la están tramitando.

En ese sentido, el gobierno de Iván Duque, así como el anterior de Juan Manuel Santos, se ha mostrado más flexible, pero también ha ordenado el aumento de los controles y mermado la expedición de las "tarjetas de movilidad fronteriza" (permisos para abastecerse de alimentos y medicinas).

Panamá, por su parte, también comenzó a exigir visa desde octubre de 2017. En julio de este año el Servicio Nacional de Migración canceló 330 permisos de residencias de venezolanos, quienes debieron retornar a su país.

Finalmente, Chile ha establecido como requisito que la "visa de responsabilidad democrática" sea tramitada en el lugar de origen del solicitante, lo que es un gran inconveniente para quienes desean o necesitan huir, sin mayor dilación.

Magnitud sin precedentes

Ronal Rodríguez, politólogo e Investigador del Observatorio Venezuela de la Universidad del Rosario, Colombia, dijo que ninguna de las dictaduras que vivió América Latina en el siglo XX causó una diáspora tan grande como la que vive actualmente Venezuela. "Ninguna de las dictaduras de derecha o izquierda que vivió Latinoamérica en el siglo XX causó una diáspora como la que vive el hermano país. Ni la Cuba castrista, ni el conflicto colombiano o alguna de las dictaduras del Cono Sur causaron la salida, en menos de dos años, de más de 2 millones de personas.", escribió en el diario El Espectador, de Bogotá.

"Una diáspora que acumula más del 10% de la población no solo evidencia el desastre que ha causado el chavismo, sino que intensifica la crisis y dificulta su posible solución. Los millones de venezolanos que hoy están fuera del país no regresarán tan pronto caiga el dictador, un número importante de ellos ya nunca regresará", advirtió.

En ese marco, cree que Colombia, el país más afectado por la crisis venezolana, no se puede desentender del problema y "debería asumir una función de liderazgo en la región" en la búsqueda o propuesta de soluciones.

El analista reconoce que existen fenómenos negativos derivados de la inmigración, pero también oportunidades que habría que saber identificar mejor y centrar esfuerzos en la construcción y el progreso.
Por lo pronto, las nuevas exigencias migratorias y los focos xenofóbicos son obstáculos que venezolanos y nicagüenses enfrentan cada vez más, aunque no frenan el éxodo. Es que el hambre puede más.
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