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Yo La Tengo es una banda que sin planearlo, llegó a sus 30 años de carrera. Y eso, Ira Kaplan, líder y guitarrista de la banda, lo dejó en claro. “Hay que estar loco para imaginárselo. No es que seguimos ciertos pasos para llegar acá. De hecho nunca se nos pasó por la cabeza”, afirmó Kaplan en conversación con El Observador.

Disco tras otro, se forjaron como una de las bandas indies más prominentes. Uno de los grupos que, además de representar una época y un estilo, mantiene vigente hasta el día de hoy su trayectoria, a fuerza de buenos y constantes nuevos álbumes.

Fade, su decimotercer trabajo, es la razón de que hoy vuelvan a tocar en La Trastienda tras su paso en 2010. Este será el primer concierto de una gira que incluye además de varias ciudades sudamericanas, España, Inglaterra y Estados Unidos. Será un show impredecible. Cada una de sus presentaciones tiene un ADN particular, conformado por canciones de Fade, otras tantas de su extenso catálogo y un toque particular de algún cover que se preste para la ocasión. Decir que cada show es diferente es un sobrentendido, pero para ellos es su naturaleza.

En estos 30 años, Kaplan afirma que encontraron la manera de hacer las cosas como y cuando quieren. “Estamos felices con esto, de lo contrario no hubiéramos seguido. Estamos en una posición genial. Hemos estado de gira por 30 años constantemente, pero lo hacemos cuando queremos, podemos hacer otras cosas en el medio. Ese es uno de los factores por lo que lo hacen positivo: cuando las personas te fuerzan a que hagas cosas, es cuando empezás a resentir y a cansarte. Cuando es tu propia idea es más fácil mantenerte entusiasmado”, afirmó.

Fade, lanzado el año pasado, cuatro años después de su Popular Songs (2009), forma parte de su laissez faire. “Fade salió hace un año y no nos hemos dedicado a pensar en el próximo disco. No somos una banda a la que la discográfica llame todos los días pidiendo un disco. Por eso, para cuando tenemos ganas de hacerlo, el disco ya está ahí, en algún lugar de nuestras mentes”, explicó el guitarrista.

Algo que sí se pareció a un plan, o más bien a un desafío, fue intentar hacer discos más cortos. “Arrancando con I Can Hear the Heart Beating as One en 1997, todos los discos eran dobles y duraban 60 o 70 minutos. Llegado el momento nosotros sentíamos que era como una obligación, pero creo que esa debería ser una opción. Ahora queríamos saber si podíamos hacerlo”.

El resultado es un disco que con 46 minutos resulta conciso, y que fue definido como su trabajo “más directo y personal”. Kaplan no se afilia a ningún adjetivo. “Si es así como le pareció a alguien, quién soy yo para decir que no. Esa es una percepción. Para nosotros son todos personales. Creo que al explicar estás robando la oportunidad de escuchar y eso es más importante para mí, que todos sepan lo que pensamos. No analizamos las canciones nuevas comparadas con las viejas. Para usar un cliché: estamos disfrutando el momento”.

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