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Cuando volvió de su exilió en España tras el retorno de la democracia, Reinaldo Gargano fue el centro de las críticas de buena parte de la ortodoxia frenteamplista que lo acusaba de haberse contagiado con las ideas socialdemócratas de Felipe González. Dos décadas después la pisada se dio vuelta y Gargano se convirtió en uno de los blancos preferidos de los sectores más moderados de la izquierda desde donde se consideraba al dirigente socialista como uno de los popes de la ortodoxia marxista.

En definitiva, Gargano –quien murió ayer a la edad de 78 años en el día del aniversario del FA- fue casi siempre cartón ligador dentro de las filas del Frente Amplio pero, particularmente, desde fuera de ellas ya que blancos y colorados lo consideraban un adversario de cuidado.

No obstante, ayer en la oposición lamentaron su fallecimiento y lo catalogaron de “honesto” y “frontal”. Gargano se encontraba muy delicado de salud desde que en 2011 sufrió una complicación coronaria -que desembocó en una hemiplejia- de la que nunca pudo recuperarse completamente.

Nacido el 26 de julio de 1934 en Paysandú, empezó su militancia en el Partido Socialista en 1956 y participó de la fundación de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT).
Integró la dirección del PS hasta el golpe de Estado de 1973 cuando partió al exilio. Luego de recorrer varios países, se quedó en España en donde colaboró activamente dentro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) liderado por Felipe González.

Tras su regreso a Uruguay, fue designado secretario general del PS, cargo que ocupó hasta julio de 2000 cuando presentó su renuncia. En diciembre de 2001 fuedesignado presidente del partido.

Ocupó una banca en el Senado ya desde 1985 y solo la abandonó para asumir como ministro de Relaciones Exteriores el 1 de marzo de 2005. Como secretario de Estado, cobró relevancia por haberse opuesto a un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos que era apoyado por el presidente Tabaré Vázquez y por buena parte del Frente Amplio.

Esa fue quizás su travesía de mayor turbulencia en filas del Frente Amplio. Mientras unos le achacaban su supuesta actitud reacia a los cambios, otros le agradecían por mantener en alto la tradicional postura “antimperialista” de la izquierda. “Yo vine a defender a la gente que me votó, que definió que el programa del Frente Amplio era el que había que aplicar en este país y tanto eso se lleve adelante, yo voy a seguir en mi puesto”, advirtió Gargano en aquel momento.

Además, Gargano se plantó fuerte en la negociación con Argentina por la instalación de pastera Botnia sobre el río Uruguay. Si ya la postura del presidente Vázquez sobre el tema era intransigente en cuanto a no ceder a las presiones del gobierno vecino, Gargano le agregó su rostro adusto y declaraciones en las que era inflexible con la administración Kirchner.

En 2008 el presidente Vázquez realizó una renovación de su elenco de gobierno y en ese cambio también fue relevado Gargano quien volvió al Senado. “Guárdeme las cosas tal cual las dejé para cuando vuelva”, le había advertido a su secretaria Susana Rovella. En una nota publicada el 5 de marzo en El Observador, Gargano se acordó de Anibal Troilo y de su teoría del eterno retorno. “Siempre estoy volviendo... Sí, eso decía. Yo lo conocía a Troilo”, dijo abandonando su gesto adusto. Ayer, Gargano se fue para siempre.
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