ver más

Quienes no revisaron internet, las redes sociales, escucharon radio o vieron algún informativo matutino antes de salir de su casa este miércoles, se desayunaron en plena parada de que el gremio del transporte había hecho un paro sorpresa.

Más gente de lo habitual, la inexistente frecuencia de los ómnibus de cooperativas y algunas pocas unidades de Cutcsa, llenas hasta la puerta, daban cuenta a los semidormidos usuarios de que algo estaba mal.

"¿Pasó algo?", preguntó una señora, que esperaba hacía más de media hora por el 427, a un chofer mientras hacía fuerza con otras personas por no quedarse abajo. "Hay paro. Mataron a un taxista", contestó, y arrancó dejando en la parada a unas 20 personas que llegarían tarde a sus trabajos, a clases y vaya a saber a qué otro compromiso.

De inmediato las llamadas, los mensajes y las frases de frustración en voz alta: "Ojo, mirá que hay paro", se escuchaba en la parada, que ya sumaba algunas personas más.

Paradas llenas de gente que ni enteradas estaban sobre la suerte corrida por el pobre taxista, pero que pagaban y eran carne de cañón, una vez más, por una de las problemáticas más difícil de controlar como es la inseguridad.

Aunque la pregunta sea repetida, tanto como los paros sorpresa: ¿qué tan efectiva es una medida que lo único que hace es dejar a trabajadores y estudiantes a pie? Al taxista nadie le devuelve la vida y los homicidios y rapiñas seguirán. Con un agregado: hoy, en algún lugar, un homicida se sintió importante.

Seguí leyendo