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Antes de que Alfonsina Álvarez pudiera subirse al escenario e interpretar canciones de su autoría, tuvo que superar varios obstáculos. Todos eran propios.

A los 10 comenzó a escribir canciones y las grababa en la computadora. Pero de ahí no salían. “Una vez me di cuenta de que mi viejo las había escuchado y fue de lo más bochornoso del mundo”, contó Alfonsina a El Observador.

Aunque estuviera paralizada por la vergüenza, siguió insistiendo. A los 13 años compró su primera guitarra con ahorros y a pesar de ganarse una penitencia por hacerlo a las espaldas de sus padres, a la larga la entendieron. Por esa época también tuvo su primera banda, pero no se dejaba ver cantar. “Les pedía que se dieran vuelta o yo me daba vuelta y miraba la pared para cantar. O directamente no me animaba”, afirmó.

Con el tiempo pudo enfrentarse al público, luego de recibir el consejo de otro artista: el inglés Tricky. En su primer show en Montevideo, allá por 2009, Alfonsina dio con el cantante y compositor y encontró una conexión. Las palabras que la sacaron de su bloqueo fueron: “Nos vamos de gira”. Él le sugirió audicionar como corista y luego de escuchar varios demos estuvo a punto de viajar.

Sin embargo, Alfonsina se quedó en Montevideo, pero con un camino abierto por delante. “La vida tiene esas sorpresas, que no parecen estar desordenadas. Tienen un nexo conceptual. Lisa y llanamente siento que estoy viviendo un sueño y que algo alucinante está pasando. Y el mensaje que tiene es que me anime. Entonces me animé”.

La primera vez que se lanzó sobre el escenario fue en Cabo Polonio, y luego en el boliche Living, pero no fueron fáciles. “En los primeros toques frenaba en el medio de la canción. Me equivocaba, pedía disculpas, me quedaba perpleja y a veces volvía para atrás. En ese momento mi corazón estaba en la garganta. Era fuertísimo. Aprendí a los tumbos, pero se fue haciendo más fácil”, explicó.

Hoy en día, Alfonsina tiene todo bajo control. Sola con su guitarra o acompañada por una banda, deja que sus canciones fluyan y atrapen al público. Esos temas aparecen en su primer disco: El bien traerá el bien y el mal traerá canciones, que ya está en la calle.

El disco
Las canciones de Alfonsina cuentan historias sugestivas con aire a café concert lleno de humo y ruido de vasos. Algunas tienen unos cuatro años, otras son más recientes. El desafío que se impuso para su debut fue hacerlo totalmente en español. “Si me quiero comunicar verdaderamente, tengo que hacerme entender. No que se entienda más o menos”, afirmó.

El disco transita por varias de las influencias que amalgama la compositora. Apostando al jazz, el blues y el rock, deja por fuera cualquier tendencia y moda. Sus canciones destilan, en sus acertadas palabras, un aire retro. “Para mí cada canción es un milagro. Porque muchas veces no sé lo que estoy haciendo”, dijo entre risas. “De repente querés expresar una cosa y surge una música que no sabés de dónde salió”.

Para alguien que luchaba contra su propia vergüenza, Alfonsina tiene una voz que domina por su expresividad. El canto lo aprendió escuchando a las grandes –Ella Fitzgerald es la primera que le viene a la mente–, pero encontró su propia voz cantando en español. “Como aprendí a cantar escuchando, supe darme cuenta dónde coloca cada uno su voz de acuerdo a la emoción o cómo quiere que suene. Y eso se me fue integrando. Al final siento que uno tiene la capacidad de mil voces”, afirmó.

Para aquellos que conocieron sus canciones luciéndose con el minimalismo de la guitarra y la voz, las versiones del disco son una sorpresa. Cada uno de los temas recibió un “vestido” diferente, hecho a mano en colaboración con los músicos que grabaron junto a Alfonsina: Juan Pablo Chapital en guitarra, Ignacio Echeverría en bajo, Manuel Contrera en piano y Javier Cardellino en batería, además de una larga lista de invitados de la talla de Nicolás y Andrés Ibarburu, Fede Graña y Dinamita Pereda.

“En el disco buscamos tener el sonido más orgánico posible. Que sonara la madera del contrabajo, que sonara el aire de la batería, todo. Se hizo como se grababa antes: en vivo, lo más crudo posible. Aprendí mucho haciéndolo”, dijo.

El aprendizaje concluye entonces con un álbum que le dio vida a un trabajo que comenzó hace cuatro años y que promete continuar con un segundo disco que está en preparación. “De alguna manera tenés que hacer que la música sea una extensión de lo que quisiste escribir. Y eso es un desafío”, concluyó.

El bien traerá el bien y el mal traerá canciones será presentado en parte el próximo jueves 29 en Hendrix (Lavalleja 1018, Barra de Carrasco) con músicos invitados.

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