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Un año más volvió el Doc Montevideo y con él la ya clásica “Semana del Documental”, que proyecta de forma gratuita varios documentales seleccionados especialmente para la ocasión.

Las atractivas propuestas y el hecho de que, en su mayoría, las películas pudieran verse en la enorme pantalla de la sala Zavala Muniz del Teatro Solís, lograron atraer a una gran audiencia que desafió al frío para acercarse a distintas historias.

Tierno por dentro
El lunes a las 21 horas la “Semana del documental” arrancó con Ramin, una historia centrada en un exluchador de judo que logró la gesta de vencer a siete oponentes en 55 segundos. A sus 75 años recién cumplidos, este humilde georgiano decidió, después de haber pasado su vida soltero, salir a encontrar la mujer que amó cinco décadas atrás para pasar los últimos años de su vida con ella.

Este es el tema con el que se presentó esta pieza, aunque en realidad lo que cuenta es un pequeño fragmento de la solitaria vida cotidiana de este señor y no es hasta la parte final del metraje cuando se describe el breve e infructuoso intento de Ramin por reencontrar a Sveta.

Este personaje, visiblemente orgulloso de ser el protagonista de su propia historia, soporta todo el peso de un documental realizado con tino y vocación poética y preciosista. Durante los 58 minutos de metraje, se pueden apreciar largos planos de gran significación y sutileza que logran transmitir el ambiente y el ritmo de vida del lugar. La iluminación, especialmente cuidada en las filmaciones de interior, convierte algunas secuencias en óleos vivientes, que se ven reforzados por lo singular de las personas que captura.

Ramin describe una historia enternecedora, melancólica y divertida con una elegancia que coquetea con lo mágico y lo bizarro. Explotando unas particularidades culturales que en algunos momentos recordaban a Borat, el filme logró sorprender y arrancar varias carcajadas a un auditorio repleto, aunque no consiguió zafar de resultar ligeramente pesada en la parte del final.

El trabajo bien hecho
La segunda película que se estrenó en el DocMontevideo fue la chilena El salvavidas, de Maite Alberdi. Fue el martes a las misma hora y la sala estaba tan llena como entonces. En este caso, el documental se centró en Mauricio, un salvavidas de la costa chilena que se toma muy en serio su trabajo.

La cinta cuenta a través de este curioso rastafari con fama de mala persona, el día a día de la playa y la forma en la que enfoca su labor. Localizar a niños que se pierden, disuadir a gente empeñada en hacer parrillas en la playa, atender desmayos, controlar que la gente no beba alcohol, enseñar a un niño como ser un buen salvavidas y, sobretodo, avisar a los bañistas que no se metan demasiado adentro, son algunas de las tareas diarias que “Mauri” tiene que afrontar.
Este escenario da el marco para contar lo realmente importante de la historia, que es la tensión que existe entre Mauricio y el salvavidas de la torre adyacente, Jean Pierre. Esta rivalidad se expresa en cómo hablan el uno del otro, o en algún que otro encontronazo cara a cara. Según muestra el documental, Mauricio realiza sus labores con gran seriedad y profesionalismo, mientras el otro salvavidas llega tarde y, en lugar de hacer rondas incansablemente por la playa se sienta a leer el periódico.

A pesar de esta actitud, el verano anterior, Jean Pierre ganó el premio al mejor salvavidas del año en aquella playa. El afán de Mauricio por cumplir con su trabajo, según se lee entre líneas, es para lograr un reconocimiento que no le llega, según entiende, injustamente.

La película mantiene un ritmo dinámico durante los 63 minutos de duración y no es hasta el final cuando llega el momento catártico de la historia: dos bañistas se están ahogando y, ante la emergencia, es necesario actuar cumpliendo con el verdadero deber del salvavidas. Jean Pierre critica varias veces a Mauricio por temer al océano, algo que se corrobora cuando el primero tiene que lanzarse solo al rescate.

Al regresar con uno de los ahogados recibe los aplausos de los otros bañistas. Lamentablemente, el otro no aparece. La cinta termina con un grupo rezando por el desaparecido y Mauricio liberándose de la culpa por no haber cumplido su trabajo. Con unos focos narrativos muy bien elegidos, un lenguaje cinematográfico muy cuidado que contribuye a la historia y unos personajes con mucha fuerza, este documental logra no solo hacerse ágil (algo no demasiado usual en el género), sino quedar retumbando, con una historia a priori no muy sugerente, en la cabeza de su audiencia.
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