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Con 85 años de edad y a pesar de vivir, según sus propias palabras, “en un país absurdo e irreal”, el escritor siciliano Andrea Camilleri sigue mostrando una increíble vitalidad narrativa, como lo prueba La pista de arena, una nueva aventura del comisario Salvo Montalbano, protagonista de dieciséis novelas, entre las que se destacan El perro de terracota, La voz del violín, El olor de la noche, Un giro decisivo, La paciencia de la araña y Ardores de agosto.

Para quienes escuchen por primera vez el nombre de este personaje, vale aclarar que Montalbano –una figura que Camilleri creó en 1994 en homenaje al escritor español Manuel Vázquez Montalbán– no solo es el detective que llevó al éxito definitivo a Camilleri como escritor sino que también es, al menos en Italia, un héroe popular, protagonista incluso de una serie de televisión en la que puede vérselo como un curtido policía que habla un italiano contaminado por el dialecto siciliano, amante del buen comer y del buen vino y que, aunque respeta las normas y la justicia, no duda en pasarlas por alto cuando debe resolver un caso.

El punto es que en La pista de arena, Camilleri –uno de los intelectuales más activos contra el gobierno del primer ministro Silvio Berlusconi– pone a su personaje ante un hecho muy curioso: la muerte de un caballo, más precisamente de un magnífico purasangre, salvajemente sacrificado sobre la arena en una playa junto a su casa.

A raíz de esto, las investigaciones de Montalbano por encontrar al culpable de la muerte del caballo lo llevarán al circuito de carreras clandestinas, en las que además de cruzarse con aristócratas y hombres de negocios de alto vuelo se dará de narices con la mafia.

Si bien en esta historia el comisario estará amenazado de muerte por todos los flancos, el problema más serio lo tiene con las mujeres que se van cruzando en su vida, porque en esta oportunidad Camilleri hizo foco más en la situación personal de Montalbano que en el contexto delictivo en el que se mueve.

En La pista de arena vemos un Montalbano maduro y seductor, pero que no acepta a gusto el paso del tiempo. De hecho, el comisario se niega a usar anteojos y, como los precisa, tropieza a cada momento. También lo muestra cabizbajo con respecto a su relación con Livia, que sigue atravesando un mal momento.

Atento a la realidad que lo rodea, el escritor italiano –nacido en Porto Empedocle en 1925, militante del Partido Comunista y fumador de más de 60 cigarrillos diarios– se inspiró para escribir La pista de arena en dos hechos puntuales: el hallazgo de un caballo muerto en las playas de Catania y el robo de unos sementales de carrera en un campo de la provincia toscana de Grosetto.

En suma, esta nueva entrega de Montalbano es una buena novela policial, casi adictiva y con buen ritmo cinematográfico.

Para quienes todavía no hayan entrado al mundo de Montalbano, este es un buen momento para hacerlo, dado que el escritor siciliano ya ha entregado a su editorial la que será la última novela del comisario, cuyo título podría ser Riccardino y que será publicada una vez que muera Camilleri.

“Hace cinco años se me ocurrió una historia para terminar la serie de manera original. La escribí deprisa, por miedo al Alzheimer, y la envié a la editorial. Soy muy ordenado y no me hubiera gustado dejar inconclusa la saga de Montalbano. Ahora sé que hay un final”, explicó Camilleri en una reciente entrevista, agregando que descarta convertir a Berlusconi en un personaje de su próxima novela.

“Berlusconi es un personaje muy complejo y creo que yo no tengo la pluma adecuada para ello”, ironizando que espera que sean los jueces quienes finalmente escriban sobre el primer ministro italiano. En una sentencia.

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