Jorge Drexler no se aguantó. Faltaba todavía un buen rato para que le tocara salir a escena, pero el orgullo, la emoción y la alegría le pudieron más. En plena presentación del artista encargado de abrir la noche, Balta, Drexler entró, lo abrazó varias veces, y luego se acercó al micrófono.
Drexler dijo sobre el músico que fue uno de los productores de su último disco: "Hace muchos años estaba esperando que llegara una figura así a la música uruguaya, que conjugue tantos y tantos aspectos de nuestra música, desde el Carnaval, el candombe, la relación con la música del momento, con la música urbana, el virtuosismo instrumental, la capacidad compositiva. Estoy tan orgulloso de que esté Facundo Balta abriendo hoy".
Después de otro abrazo, Drexler volvió a su camarín para terminar de prepararse, y Balta siguió con su presentación. Pero más allá de lo simpático del gesto, ese saludo tuvo también un valor que resonaría con lo que estaba por pasar. Con lo que vino durante las casi tres horas de show en las que el cantautor presentó en Montevideo su disco más reciente, Taracá.
Un disco en el que el cantautor (como le contó a El Observador hace un tiempo) reconoce a Balta como uno de los disparadores creativos. Un disco que conecta generaciones, sonidos y referencias musicales montevideanas y uruguayas. Como pasó anoche en el Antel Arena y volverá a pasar este domingo 7 en esta vuelta a casa para Drexler.
En tres horas, Jorge Drexler trazó un puente entre la tradición, esa que carga, por ejemplo, el Lobo Núñez en su tambor, Julio Cobelli en su guitarra o Falta y Resto en sus gargantas, y el futuro, o lo nuevo, que encarna Balta. Sentó a esa fuente de música andante que es Ruben Rada en la mesa de la Rueda de Candombe para conectar la herencia y el presente de una historia musical que también a él lo atraviesa como un rayo.
En tres horas, Jorge Drexler, su banda y los invitados que lo acompañaron sonaron a Montevideo. Trajeron el candombe, la murga, la milonga y todos los sonidos que (aunque a veces se nos olvide o la costumbre de la convivencia le hayan sacado el brillo maravilloso del descubrimiento) están acá. Son de acá.
Amar y ser amado
Un pulso sonoro. Luces blancas que parpadean siguiéndolo. La banda hispano-uruguaya de Drexler sale a escena. El cantautor aparece y el pulso se convierte Toco madera, la canción que abre Taracá. Aparece la clave del candombe, que volverá toda la noche.
Las cantantes e instrumentistas Miryam Latrece, Flor Gamba y Ale López tendrían luego cada una su dueto con Drexler que les valdrían sus respectivas ovaciones; en un rol no tan aclamado directamente pero igual de fundamental, el guitarrista Vicente Huma y los percusionistas Marc Finyol, Julio Sanrizz y Eva Catalá marcaron la sonoridad candombera que permeó todo el setlist, y que revistió algunos de los clásicos del repertorio drexleriano.
Canciones que convivieron a la perfección con las de Taracá, que fue tocado de forma íntegra. Y que a juzgar por las reacciones del público, que las coreó con tanto entusiasmo como Polvo de estrellas, La edad del cielo o Me haces bien, tuvieron una recepción celebratoria e inmediata.
Jorge Drexler
Jorge Drexler en el Antel Arena, en el show de presentación de su disco Taracá, el 6 de junio de 2026
Joaquín Ormando
A eso seguro ayuda la conexión natural que el sonido de estas canciones tiene con el público uruguayo. Eso hacía también que esta presentación en Montevideo tuviera un alto valor simbólico, como el propio Drexler aclaró en una de sus primeras interacciones con la audiencia.
El de este sábado era el primer show en Uruguay sin sus padres; él ya está pasando cada vez más tiempo del año aquí, y estaba presentando el disco que reconecta con sus raíces musicales y culturales. Le implicó, por ejemplo, tocar Bienvenida, la primera canción que grabó para un álbum —y que es un candombe— después de casi treinta años de vuelta en su ciudad. Ya más avanzada la noche, Drexler confesó que la carga emocional de la noche le estaba jugando algunas malas pasadas nerviosas.
Ante la duda, baila
Buena parte de esos momentos emocionales estuvo concentrada en las colaboraciones que se dieron en el Antel Arena. Tamborero, canción dedicada a Fernando "Lobo" Núñez tuvo la presencia, y la lonja, del homenajeado. Falta y Resto apareció para entonar Las palabras, previa ejecución de su presentación del pasado Carnaval, que marcó su regreso al Concurso oficial después de algunos años.
Falta y Resto con Jorge Drexler
Con Drexler instalado en una plataforma en el centro del campo, que visitó de forma recurrente durante el show, Facundo Balta lo acompañó a cantar La edad del cielo. En esa plataforma cantó también una versión a capela de Al otro lado del río, que dedicó a la memoria de José Mujica y a Lucía Topolansky.
Mientras estaba en ese sector del estadio, un hombre se cargó los pulmones y desde la tribuna le rugió "¡te queremos, Jorge!". Drexler le respondió "no te escuché, capaz es mejor así. ¿Qué dijo?" Y el estadio respondió: "te queremos, Jorge".
Sigue siendo complicado que los uruguayos se paren a bailar en los shows que tienen sillas. Drexler lo logró sobre la mitad del setlist, cuando aparecieron Tocarte y otra de las novedades de Taracá, la plena Nuestro trabajo/Los puentes.
De ahí en más, fueron pocos los que volvieron a colocar su humanidad en las butacas. Y como para hacerlo: tras ese doblete apareció en el escenario secundario la Rueda de candombe, que interpretó Una canción a Montevideo, de Mauricio Ubal, junto a Drexler. Luego se les sumó Edu "Pitufo" Lombardo para Lagartombe.
Y el estadio se vino abajo cuando subió Ruben Rada. La lista oficial de canciones decía que solo iba a cantar Candombe para Gardel. Rada tomó momentáneamente las riendas del show y sumó Ayer te vi y Las manzanas. Las sonrisas y las caderas decían todo.
El baile se hizo tan contagioso que cuando llegó el turno de Ante la duda, baila, hasta el cameraman encargado de seguir a Drexler y la banda sobre el escenario tiraba unos pasos.
Drexler agradeció el amor recibido por su ciudad y lo enganchó con Todo se transforma, para luego cerrar con Sea, cuerda de tambores y Falta y resto incluidas. Fue el fin de una fiesta, copa de vino blanco para el cantautor de por medio.
Tras la reverencia final de los artistas, la voz de Zitarrosa emergió por los altoparlantes con Milonga de ojos dorados. La última celebración de una historia musical que ayer sumó un capítulo de lujo.